El tema ha sido objeto de muchas denuncias y debates públicos desde hace varios meses entre las autoridades de la alcaldía municipal, grupos culturales y activistas comunitarios, sin lograr ponerse de acuerdo, que debe hacerse con la glorieta, que luce en muy malas condiciones y que en cualquier momento puede desplomarse.![]()
El impasse surge porque algunos son de opinión que puede ser reconstruida, otros creen que definitivamente hay que demolerla para dar paso a su nueva construcción sin variar la forma originaria , tal como fue concebida por su donante el ilustre munícipe Luis E. Del Monte .
Lo más justo, razonable, sería que las autoridades tomen una de las opciones presentadas por la opinión pública representada por los clubes culturales, grupos de la sociedad barahonera y pongan definitivamente manos a la obra.
No se puede seguir ignorando el peligro que está representando el viejo monumento inaugurado en el 1927, y que forma parte de la historia de Barahona, que por cierto, se ha querido borrar con la desaparición de los que comúnmente llamamos reliquias, como ocurrió recientemente con la demolición del lo que fue el antiguo edificio Casino del Sur.
El propio alcalde de la ciudad, en presentaciones públicas y medios de comunicación ha reconocido la peligrosidad de la situación de deterioro de la edificación manifestando que «el tiempo de la glorieta hace que el acero ( varilla ) que sujetan la estructura no aguantan lo suficiente, conforme al diagnóstico de los técnicos contratados y sugieren iniciar de inmediato con una reconstrucción de la misma para evitar un evento que pudiera resultar en una tragedia».
Si la alcaldía de Barahona, no tiene presupuesto para tan pequeña obra, que se auxilie del Ministerio de Obras Públicas, o del Ministerio de Turismo. Tenemos empresas del sector privado que pueden desprenderse un poco de sus ganancias y hacer su aporte como los hicieron los honorables miembros de la sociedad barahonera en la década del 20, Jaime Mota, Luis E. Del Monte, y de otros que han donado terrenos para obras sociales.
En la ciudad hay propietarios de grandes empresas, como, supermercados, centros educativos, bancas, centros médicos, bancos y el propio Consorcio Azucarero Central (CAC), que pueden aportar su granito de arena para pequeñas obras sociales, como es la glorieta del parque central, si es que la alcaldía no asume su responsabilidad.
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