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La banalización de las encuestas en Latinoamérica

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Amaury Mogollón.
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¿Mienten las encuestas o los encuestadores?

Por Amaury Mogollón

“Solo en Dios confiamos, todos los demás deberán traer datos”, afirmó una vez el reconocido estadístico W. Edwards Deming, resumiendo así la importancia de contar con estadística rigurosa, sobre todo cuando se trata de tomar decisiones desde los centros de poder de la sociedad actual. Por eso, en toda democracia moderna, las campañas electorales deberían representar un ejercicio serio de interpretación social, construcción programática y comunicación estratégica. Sin embargo, hemos notado que en distintos países de América Latina se ha venido consolidando una práctica preocupante: la utilización de encuestas electorales como instrumentos de propaganda y manipulación política, en lugar de herramientas científicas para comprender el verdadero comportamiento del electorado.

En los últimos procesos electorales en países como Colombia, Ecuador, Guatemala, México y República Dominicana, hemos observado la proliferación de supuestas “casas encuestadoras” que publican estudios sin rigor metodológico, sin transparencia técnica y, en muchos casos, con claros intereses políticos o comerciales. Este problema desde el área de la comunicación política no es únicamente ético; es también estratégico y democrático.

Una encuesta electoral seria no está diseñada para fabricar percepciones artificiales ni para inflar candidaturas. Su verdadera función es servir como una radiografía del momento político y social de un territorio. Cuando se realiza correctamente, permite identificar tendencias, niveles de conocimiento, percepción ciudadana, segmentos electorales, prioridades temáticas, intención de voto y oportunidades estratégicas para el correcto diseño de una campaña electoral. Sin esa base, no tienes un plan, apenas tienes ideas, porque, parafraseando nuevamente a Deming, “sin datos, solo eres una persona más con una opinión”.

El problema radica cuando algunos actores políticos o sectores empresariales buscan  convertir las encuestas en un mecanismo de mercadeo político, en lugar de medir la realidad. Esto viene generando una peligrosa distorsión en el ecosistema político latinoamericano: candidatos que creen estar creciendo cuando en realidad están consumiendo cifras maquilladas; dirigentes partidistas que toman decisiones basadas en datos irreales y estos a su vez caen en el juego de la percepción, en vez de buscar la unificación de los militantes; periodistas que terminan amplificando información sin sustento técnico y llegan a convertirse en instrumentos de una minoría que busca amplificar información sesgada; y ciudadanos expuestos a una narrativa artificial diseñada para influir emocionalmente en la opinión pública.

En comunicación política hay una máxima, “una encuesta manipulada puede generar titulares, pero difícilmente genera victorias sostenibles”.

Las campañas modernas requieren precisión. Cada decisión desde el discurso hasta la pauta publicitaria debería sustentarse en información confiable. Cuando los datos son falsos o técnicamente débiles, las campañas comienzan a operar sobre una ficción y al corto plazo se evidencia el declive de cualquier proyecto que cuenta con una base irreal.

El daño estratégico se verá reflejado en el diseño de mensajes equivocados, priorización de territorios incorrectos, subestimación o sobrestimación a adversarios, exceso de confianza o pánico innecesario, desconexión con la verdadera problemática de la ciudadanía; y peor aún, algunos candidatos terminan rodeados de consultores y operadores que les venden optimismo artificial, sustituyendo el análisis profesional por complacencia política.

En política, las campañas no se pierden únicamente por falta de popularidad; muchas veces se pierde por diagnósticos erróneos y muchos de estos diagnósticos recaen en la banalización de las encuestas. Mientras no tengamos investigaciones serias, hechas con rigor metodológico y ninguno venga con datos, solo seguiré confiando en Dios…

IG: @amaury.mogollon

X: @amaury_mogollon

www.amaurymogollon.com

Breve perfil  Amaury Mogollón

Estratega Político Venezolano con Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política (MAICOP) por la Universidad Pontificia de Salamanca, España; Postgrado en Publicidad y Marketing en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Caracas, Venezuela; Programa Internacional en Liderazgo Político, por el IESA, Caracas, Venezuela.

Director General de la Consultora Acción Política, firma especializada en Estrategia Política, Campañas Electorales y Comunicación de Gobiernos Iberoamericanos; con presencia en México, Colombia, Venezuela y República Dominicana.

Director General de AP Films, casa productora especializada en cine político latinoamericano.

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