
Buenos días. El anuncio formulado este martes respecto a que, nueva vez, el Gobierno Dominicano facilita el uso de nuestros aeropuertos y de la base de San Isidro a Estados Unidos, para su combate al narcotráfico y el crimen organizado, es preocupante y generador de justiciadas sospechas. Lo es porque detrás de la inoportuna acción, pudiera esconderse la intención de llevar a cabo operaciones de agresión contra Cuba, tan apetecidas y reiteradas por Donald Trump, lo que representa un giro diplomático tan peligroso como inaceptable. Lejos de representar un simple acto administrativo de cooperación militar, el referido permiso encarna la subordinación de nuestra soberanía a una posible vulneración de la integridad de una nación hermana, como lo es Cuba. La historia de República Dominicana y Cuba es una de compartir ideales de libertad sellados desde los esfuerzos de Máximo Gómez y José Martí, hasta los profundos lazos culturales y deportivos que han forjado una identidad caribeña común. De ahí que la sola posibilidad de que se preste el suelo patrio para una incursión armada contra Cuba, representaría una afrenta directa a nuestra propia tradición de lucha por la autodeterminación de ambos pueblos. ¿Cómo puede un gobierno que se precia de defender la soberanía nacional y el derecho internacional, facilitar los medios para que se asfixie la soberanía de otra nación caribeña y por demás hermana? Indudablemente se trataría de una incongruencia táctica de política exterior y a la vez, de una mancha moral que contradijera los principios de no intervención y hermandad que deberían regir nuestras relaciones internacionales. Jamás las alianzas estratégicas pueden confundirse con un cheque en blanco que otorgue licencia para convertir nuestro territorio en plataforma de lanzamiento de hostilidades contra ninguna otra nación del hemisferio, de manera que una posible acción de esa naturaleza, nos alejaría del consenso regional y nos colocaría en una miserable posición de subordinación que la mayoría del pueblo dominicano no ha refrendado. Por eso se urgente que los dominicanos exijamos al Estado una rectificación inmediata de ese nefasto permiso, de manera que la prudencia, la historia y, sobre todo, la dignidad nacional, sean garantes de paz y soberanía, no un peón en las agendas geopolíticas de potencias extranjeras. La hermandad con Cuba no es retórica de discurso, es un compromiso ético que no debemos traicionar bajo ninguna argumentación.








