
Buenos días. Nueva vez Estados Unidos rechazó la propuesta que para alcanzar la paz en el Medio Oriente, presentara Irán. El jefe de la Casa Blanca ha dicho que lo sugerido por la república persa, es inaceptable. La postura es sencillamente la confirmación de que a Donald Trump no le interesa negociar y que su priopósito es imponer sus intereses e intenciones. Mientras tanto, el reloj del juicio final parece haber acelerado sus pulsaciones ante una escalada bélica que ha dejado de ser una amenaza retórica para convertirse en una realidad que asfixia el comercio global y resucita el fantasma de una confrontación nuclear. Tras los ataques de finales de febrero y el bloqueo intermitente del Estrecho de Ormuz, el mundo no solo observa una crisis regional, sino un cambio en el orden internacional que podría derivar en una catástrofe sin precedentes. Estamos ante un conflicto que se convierte en epicentro energético del planeta y que no conoce fronteras. Una realidad que a la vez nos coloca ante la posibilidad de una escalada que conlleve el uso de armas tácticas o afecte instalaciones nucleares, lo que no solo implicaría una pérdida masiva de vidas humanas en Oriente Medio, sino que rompería décadas de contención internacional, normalizando el uso de estas armas y condenando a la humanidad a una inseguridad permanente. El incierto panorama exige de la comunidad internacional no aislarse como un espectador pasivo, sino exigir a una sola voz que se detenga la guerra y que las diferencias se resuelvan vía la diplomacia. A todas costas hay que evitar que el Golfo Pérsico se convierta en el epicentro de una Tercera Guerra Mundial y eso requiere más que buena de voluntad. Exige una movilización global que anteponga la supervivencia colectiva a las ambiciones geopolíticas de unos pocos y que deje claro que la paz no es solo la ausencia de guerra, sino la presencia de una arquitectura global que haga que la agresión sea inviable…








