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La rueda de prensa de Mario José Redondo Llenas

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Mario José Redondo Llenas al salir de prisión tras 30 años de condena. Raul Asencio, Listín Diario.
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30 años después del asesinato de Llenas Aybar: arrepentimiento, memoria y silencio estratégico

Por Fresa Torres

Fresa Torres

El 5 de mayo de 2026, Mario José Redondo Llenas salió en libertad del Centro de Corrección y Rehabilitación Najayo-Hombres, tras cumplir la pena de 30 años impuesta por el asesinato de su primo, José Rafael Llenas Aybar, ocurrido el 3 de mayo de 1996.

A su salida leyó un documento ante periodistas en el que expresó arrepentimiento, reconoció una “deuda moral permanente” y evitó profundizar en las causas del crimen. Analizamos críticamente el discurso desde la perspectiva de la comunicación pública y la justicia restaurativa.

Se argumenta que, aunque el mensaje cumple con los mínimos del reconocimiento de responsabilidad, su estructura discursiva prioriza la rehabilitación individual sobre la memoria de la víctima y el derecho social a la verdad, limitando su función reparadora.

El análisis hace necesario observar el llamado discurso de arrepentimiento público y la justicia restauradora. El arrepentimiento en espacios mediáticos busca legitimidad social, pero puede convertirse en una estrategia de gestión de la imagen si no incluye reconocimiento del daño específico. La justicia restaurativa implica verdad, reconocimiento del daño y reparación simbólica hacia la víctima y la comunidad. El silencio sobre el móvil del crimen dificulta ese proceso.

Asunción de responsabilidad y lenguaje de futuro

Redondo afirma: “Lo primero que quiero expresar es mi arrepentimiento profundo… pido perdón a mi familia, víctimas directas de mis hechos, y a la sociedad afectada por mi comportamiento”. El reconocimiento es directo, sin eufemismos. Sin embargo, el discurso se proyecta inmediatamente hacia el futuro: “asumo esta nueva etapa con arrepentimiento, respeto y vocación de servicio». Críticamente, el arrepentimiento se presenta como condición para la reinserción. Esto plantea una tensión ética: el perdón no es un derecho exigible ni puede usarse como moneda de cambio para la aceptación social. La prioridad discursiva se desplaza del daño causado al proyecto de vida del condenado.

Narrativa de transformación y omisión de la víctima

Redondo subraya su formación en Derecho, Ciencias Agronómicas y programas productivos en prisión. Sostiene que “Nada de esto borra el daño causado, pero sí evidencia que el tiempo puede ser utilizado para construir, para reflexionar y para cambiar». La crítica aquí es doble. Primero, la rehabilitación es un fin legítimo del sistema penitenciario dominicano. Segundo, la narrativa omite el nombre de José Rafael más allá de la mención legal. Se habla de “víctimas directas” y “sociedad”, categorías abstractas que diluyen la individualidad del niño asesinado.

En contraste, la familia Aybar mantiene activa la memoria de José Rafael en espacios digitales con mensajes que humanizan su vida.

El discurso de Redondo, al no nombrar a la víctima, centra la atención en el victimario y su proceso de cambio.

Silencio sobre las causas y gestión de la verdad

Al ser cuestionado sobre el móvil, Redondo responde: “No lo vamos a resolver hoy… Será bueno ver todo esto con una mirada fresca, auxiliarnos de los profesionales». Este silencio es estratégicamente relevante.

La sentencia de 1997 estableció secuestro y homicidio agravado premeditado. Evitar explicar el “por qué” a 30 años deja abierta la herida y limita la función preventiva del testimonio. Derivar la explicación a expertos externos puede interpretarse como una delegación de responsabilidad narrativa. Para la sociedad, la verdad incompleta equivale a una reparación simbólica incompleta

Impacto público y función mediática.

La rueda de prensa se dio en un contexto de alta cobertura mediática por el aniversario 30 y la liberación. Medios como RTVD transmitieron en vivo, lo que reabre el debate sobre el equilibrio entre el derecho a la información y el riesgo de revictimización.

La crítica no es a la cobertura en sí, sino a la ausencia de contrapeso narrativo en el discurso. Sin una mención clara a José Rafael y sin una explicación del móvil, el acto comunicativo corre el riesgo de ser leído como un ejercicio de reinserción mediática más que como un aporte a la memoria histórica.

El discurso de Mario José Redondo Llenas cumple con el reconocimiento formal del crimen y la solicitud de perdón. Sin embargo, su estructura privilegia la narrativa de transformación personal, omite el nombre de la víctima y elude las causas del hecho.

Desde la ética pública y la justicia restaurativa, una intervención mediática a 30 años requiere más que arrepentimiento: exige verdad completa y reconocimiento del daño específico. Mientras esto no ocurra, la función reparadora del discurso queda subordinada a la función de reinserción individual.

Treinta años después, la rueda de prensa reabrió el debate sobre cómo equilibrar el cumplimiento de la condena con el derecho de las víctimas a la memoria y a la verdad. Mientras el condenado apuesta por la reinserción discreta, la familia Aybar mantiene que el recuerdo de José Rafael no puede quedar reducido a una fecha judicial

La memoria y la verdad, por tanto, siguen dependiendo del trabajo de la familia Aybar y de la sociedad civil.

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