
Hollywood es, en más de un sentido, la mejor oficina de comunicación social de Estados Unidos.
En la primera mitad del siglo XX, el cine fue el principal medio de comunicación y desde entonces Hollywood tiene una política exterior que ha ido de la mano de los intereses que Estados Unidos promueve en el seno de su sociedad y en el mundo.
Mediante ese poder suave Washington exalta la cohesión social exacerbando la imagen del «enemigo» que puede ser interno o externo. El «enemigo» es un personaje importante en el imaginario colectivo porque permite, a través del entretenimiento, mitigar el cuestionamiento al status quo, exaltar logros y valores, fomentar el nacionalismo y el patriotismo, y cerrar filas con las autoridades al encontrar un culpable a quien achacar todos los male
Todos crecimos con las historias de vaqueros y forajidos que Hollywood nos exhibe, John Wayne y sus semejantes. Muchas de esas narraciones enfrentaban a los “cowboys” con los “indios”, incitándonos a alinearnos con los “valientes hombres blancos”, los pioneros. los que se enfrentaban a los salvajes indios, que en realidad eran los dueños de la tierras,
Pero también crecimos, y nuestras simpatías fueron desplazándose progresivamente hacia los pueblos originarios, legítimos dueños de la tierra, y hacia la valentía de Gerónimo y otros.
Con todo, Hollywood no ha sido exclusivamente una fuerza perniciosa ni un mero vehículo de ideología conservadora. Algunos cineastas y actores han utilizado sus plataformas para explicar, a su manera, cómo opera el poder estadounidense y de qué forma intenta reconfigurar nuestro mundo.
Hoy, la mayoría reconocemos a Hollywood como una parte integral del “aparato ideológico del Estado” del imperio estadounidense.
En su forma más eficaz, actúa como “poder blando”, globalizando los “valores” estadounidenses, su cultura y sus ideologías políticas. haciendo a héroes de cines los valores patrios del valeroso pueblo estadounidenses
En la era de la inteligencia artificial, los videos juegos y las redes sociales, el panorama se ha vuelto casi inabarcable,con o sin palomitas. Se ha transformado en un espectáculo de horror letal con valoraciones difíciles de descifrar.
Debemos preguntarnos: ¿qué ocurre cuando ese aparato se instrumentaliza mediante memes, desinformación y manipulación informativa?
Un reciente segmento de Listening Post nos invita a examinar cómo tanto Estados Unidos como Israel están desplegando memes y medios de masas en su guerra de agresión contra Irán.
El reportaje ofrece agudas reflexiones sobre la “gamificación de la guerra”, mostrando cómo esta maquinaria impulsada por el lucro y la ideología es utilizada por el presidente estadounidense Donald Trump para vender al mundo una guerra injusta e ilegal, cómo un acto de heroismo militar, como si las causas que impulsa fueran para preservar la humanidad o la sobreviencia humana,
Los productores nos instan a ir “más allá de las tácticas tradicionales”, señalando que tanto Estados Unidos como Irán recurren cada vez más a memes, animaciones generadas por inteligencia artificial y burlas provocadoras diseñadas para maximizar su viralidad.
De forma interesante, los editores sugieren que la cobertura directa de Irán a menudo supera la exageración mediática occidental.
En fin, Uno de los objetivos fundamentales de la política exterior de EE.UU. ha sido, históricamente, impulsar la homogeneidad ideológica en el mundo.
Y Hollywood ha fungido así, como el mejor embajador de la Unión Americana. Curiosamente, esa anhelada homogeneidad se logró en la época del cine insonoro, cuando bastaba con que el público se apostara frente a las pantallas para observar la historia que se le presentaba. No importaba ni la nacionalidad, ni el idioma, ni el lugar en que se encontrara el espectador, solo se entretenia y hoy hollywoodense se esfuma entre memes y soeces de un presidente con acciones criminales, aparentando ser patriota de los intereses hegemónicos norteamericano
Así, seguimos entregando los valores de otros colectivos a las políticas diplomática de Hollywood, para seguír entretenido en el patio trasero del Imperio más despiadado de la humanidad
Henry Polanco








