Por Leonardo Cabrera Diaz
Antes de llegar al poder, los políticos conocen los problemas y necesidades de sus comunidades al dedillo.
Saben quién es quién, dónde viven, su capacidad dirigencial y hasta sus debilidades.
Conocen las carencias y precariedades de sus compueblanos, pero una vez en el poder, parecen olvidarlas.
El «alzheimer del poder» les hace recordar solo lo que conviene a sus intereses particulares.
La ciudadanía se ve obligada a demandar obras y soluciones que nunca llegan.
Los políticos prometieron hacerlas, pero el poder les hizo olvidar.
La población se siente engañada y dice: «Tanto que criticó y habló, y resultó ser igual o peor que aquellos a los que criticaba».
Con Dios siempre, a sus pies.








