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Guzmán Fermín: el técnico de la seguridad que hoy enfrenta campaña de destrucción

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General retirado Rafael Guillermo Guzmán Fermín.
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Como profesional de Ciencias de la Comunicación y analista del ámbito público, he revisado con detenimiento la trayectoria del general retirado Rafael Guillermo Guzmán Fermín. Mi conclusión: estamos ante un profesional con formación técnica, experiencia institucional y disposición para aportar al país, que además enfrenta —no por accidente— un acoso sistemático destinado a destruir su imagen. Este artículo se centra en lo que se ha hecho bien, lo que aún debe aclararse y por qué esta figura debe valorarse de forma más completa.

Formación y camino profesional
Guzmán Fermín es, según fuentes públicas, ingeniero civil y licenciado en Derecho. En su cuenta oficial figura: “Ingeniero civil y Lic. en Derecho… Ex Jefe de la Policía Nacional 2007–2010… Amante de la lectura y mi amada familia”.
Ese perfil técnico-académico le permitió combinar conocimientos de administración, gestión institucional y tareas operativas en la seguridad pública.
Ascendió en la Policía Nacional de la República Dominicana hasta alcanzar la jefatura durante el período que abarca aproximadamente del 17 de agosto de 2007 al 16 de agosto de 2010. En ese rol, tuvo la responsabilidad de dirigir una de las instituciones clave del Estado dominicano: la encargada de la seguridad ciudadana, el orden público y, de hecho, de articular políticas de prevención del delito.

Este tipo de experiencia institucional es un capital poco frecuente en el país. No muchos mandos policiales alcanzan esa combinación de formación universitaria, mando operativo y luego transición hacia la política. Eso lo convierte en un actor con posibilidades reales de contribuir al país hoy, en que demanda dirigentes con ese tipo de recorrido.

Aportes destacados y valor público
Aunque la cobertura mediática lo ha asociado principalmente a controversias, hay aspectos de su paso por la institución que merecen ser resaltados:

• Su planteamiento técnico-institucional: Guzmán Fermín ha reiterado públicamente la necesidad de reforma policial, profesionalización de la institución, uso de inteligencia y coordinación institucional para atacar el crimen organizado. Esa visión técnica es diferencial en el panorama local, donde muchas veces los enfoques son meramente operativos o mediáticos.

• Experiencia de mando: Estar al frente de la Policía nacional implica decisiones complejas, liderazgo sobre miles de servidores públicos y exposición a riesgos institucionales y personales. Esa experiencia es un activo que pocas figuras políticas poseen.

• Juventud relativa para la política: Aunque ya tiene trayectoria, Guzmán Fermín aún puede considerarse relativamente joven para ingresar de lleno en una agenda más amplia de servicio público, por lo que su paso hacia la política representa una oportunidad para incorporar ese perfil técnico-institucional al debate nacional.

Estos puntos, desde mi perspectiva, lo sitúan como una figura prometedora para el país, si se le da el espacio para demostrarlo y si su imagen no queda permanentemente empañada por campañas que buscan precisamente eso: frenarlo.

Las críticas y la campaña en su contra
No obstante, ningún análisis sería serio sin abordar las críticas que pesan sobre su gestión y cómo han sido empleadas para construir una narrativa de desprestigio.

• En un editorial del medio Acento se afirma que “solo en el plazo de Rafael Guzmán Fermín … entre 2008 y 2010 al menos 1.300 ciudadanos fueron asesinados” durante la política policial que él encabezó.

• Ese mismo artículo alude a desapariciones forzadas (como la de Juan Almonte Herrera), remisiones de organismos de derechos humanos, y una política de mano dura que, según los críticos, se tradujo en ejecución de personas sin las debidas garantías.

• Otro medio, El Nuevo Diario, lo vincula a una gestión en la que “hubo 1 300 asesinatos e incontables torturas” e incluso lo ubica con el apelativo “El Cirujano” por supuestas órdenes de disparar a las piernas de presuntos delincuentes.

• También en 2024 se publicó que el gobierno de los Estados Unidos revocó de por vida su visa por “corrupción y violación de derechos humanos”.
Estas críticas son graves y deben tomarse en serio. Pero es también cierto que en muchas de estas acusaciones no se ofrecen procesos judiciales concluyentes, o no se hace un balance público con todas las pruebas que permitan determinar la responsabilidad directa del mando. Es aquí donde, desde mi análisis, se abre la brecha para la campaña de desprestigio.

¿Por qué existe una campaña contra Guzmán Fermín?

La hipótesis que sostengo es la siguiente: cuando un jefe policial —preparado, decidido, institucionalizado— asume mando firme sobre estructuras de delito, corrupción y poder fáctico, genera adversarios. Y esos adversarios tienen al menos tres motivaciones para actuar:

1. Intereses económicos: El contrabando, el microtráfico, la corrupción institucional y las redes informales se sienten amenazadas por una policía profesionalizada.

2. Intereses políticos: Actores que tradicionalmente se benefician de la debilidad institucional pueden ver en Guzmán Fermín un dificultador de sus estrategias. Atacar su reputación sirve para neutralizarlo.

3. Narrativas mediáticas y diplomáticas: La prensa y los organismos internacionales tienden a reproducir informes críticos que generan titulares fuertes. En ese escenario, las acusaciones que se hacen pueden quedar como absolutas en la opinión pública, aunque carezcan de juicio o sentencia. El reclamo sobre la visa de EEUU. y los informes de derechos humanos ilustran cómo la dimensión internacional contribuye al divorcio entre reputación y resultados.

En este sentido, sostengo que la figura de Guzmán Fermín está hoy no sólo frente a sus propias debilidades —que pueden existir— sino frente a una campaña estructurada de desgaste que dificulta que su perfil técnico-institucional sea valorado objetivamente.

El valor que puede aportar hoy al país
En un momento en que la República Dominicana demanda liderazgos competentes, capaces de cruzar el binomio “técnico-político”, Guzmán Fermín reúne varios elementos clave:

• Comprende la institución policial: conoce su funcionamiento interno, sus debilidades y sus fortalezas.

• Tiene formación universitaria, lo que le permite hablar con propiedad sobre administración pública, seguridad y reformas.

• Ha transitado de la función pública hacia la política, lo que puede convertirlo en puente entre institucionalidad y transformación democrática.

• Está en una etapa en que puede proyectarse hacia una mayor participación ciudadana, si logra superar la sombra mediática que ha sido depositada sobre su imagen.

Si la sociedad dominicana le diera el beneficio de la duda —y condicionara ese beneficio a la transparencia y rendición de cuentas— el país podría ganar un actor que entiende de seguridad, de mando y de reforma institucional. Justamente lo que hoy se reclama con insistencia.

En la República Dominicana no podemos permitir que figuras con formación, experiencia y disposición al servicio público queden marginadas por campañas de desprestigio o por narrativas unilaterales. El general Guzmán Fermín es una de esas figuras: su paso por la Policía Nacional, su perfil técnico y su aspiración política lo colocan como un actor potencialmente relevante para el país.

Sí, su gestión tuvo preguntas que merecen respuestas. Pero también sí, un balance honesto requiere reconocer que la campaña en su contra ha estado articulada, en parte, por quienes se vieron afectados por sus decisiones o por quienes hoy desean neutralizarlo políticamente. En ese entrecruce está la oportunidad para que él —y la sociedad— transformen ese pasivo en activo: que su experiencia se ponga al servicio de una agenda de seguridad democrática, institucionalización policial y gobernanza del siglo XXI.