
El 9 de julio de 2025, en Monte Cristi, el presidente Luis Abinader subió al escenario para lanzar un ultimátum: los funcionarios del gobierno con aspiraciones presidenciales deben renunciar o cesar sus actividades de campaña. Citando el cumplimiento de los estatutos del Partido Revolucionario Moderno (PRM) y las leyes electorales dominicanas, Abinader se presentó como el guardián de la integridad institucional, apuntando a figuras como David Collado, Eduardo Sanz Lovatón y Wellington Arnaud. Para el observador casual, esto parece un valiente esfuerzo por frenar el uso indebido de cargos públicos para fines políticos. Pero, al rascar la superficie, queda claro que este pronunciamiento no es más que una clase magistral de demagogia: una distracción cuidadosamente orquestada para mantener al pueblo dominicano y a la oposición enfocados en un teatro político mientras la nación se ahoga en crisis que el gobierno de Abinader parece incapaz o reacio a enfrentar.
La Cortina de Humo: Una Distracción Conveniente
La declaración de Abinader en Monte Cristi no es un acto aislado de estadista, sino parte de un patrón más amplio de maniobras políticas. Al destacar las ambiciones de unos pocos funcionarios del PRM, desvía la conversación nacional de los problemas que realmente agobian a los dominicanos: el altísimo costo de la vida, un sistema de salud en ruinas, la inflación persistente, una deuda pública disparada y la crisis perpetua en Haití. El momento de su anuncio—años antes de las elecciones de 2028—levanta sospechas. ¿Por qué encender un debate sobre campañas prematuras ahora, cuando la nación clama por soluciones a problemas inmediatos? La respuesta está en el manual de Abinader: crear una controversia, controlar la narrativa y mantener a la oposición ocupada en nimiedades mientras los verdaderos problemas se acumulan.
Esta táctica no es nueva. Abinader ha dependido durante mucho tiempo de gestos de alto perfil para mantener su imagen de reformador. Su cruzada anticorrupción, alabada por organismos internacionales, ha sido criticada por sectores de la oposición por ser selectiva, enfocándose en ex funcionarios de la pasada administración, mientras protege a los de su círculo cercano. Los Pandora Papers revelaron los propios vínculos de Abinader con empresas offshore, pero él desvió las críticas donando su salario presidencial a programas sociales, un movimiento más simbólico que sustantivo. Su discurso en Monte Cristi encaja en este molde: una postura ruidosa y moralizante que distrae de los fracasos de su administración mientras refuerza su atractivo populista.
Lo que Abinader No Quiere que Discutamos
Mientras Abinader se erige como defensor de la ética, los dominicanos se ahogan bajo el peso de desafíos económicos y sociales. El costo de la vida se ha vuelto insostenible, con la canasta básica superando el salario mínimo, que se mantiene estancado en unos 500 dólares. La inflación, aunque moderada en comparación con las tasas de dos dígitos de 2023, sigue erosionando el poder adquisitivo, con el peso dominicano devaluándose de 53.30 a 56.50 frente al dólar. Voces críticas en la esfera pública han señalado que los precios de los alimentos han aumentado significativamente bajo el mandato de Abinader, acusándolo de descuidar servicios esenciales como la salud, la educación y el seguro médico.
El sistema de salud, alguna vez motivo de orgullo, está en ruinas. El programa nacional de seguro médico, SENASA, enfrenta señalamientos de colapso, con quejas generalizadas sobre la falta de fondos, la escasez de suministros médicos y el acceso cada vez más limitado a la atención para los sectores más pobres. Mientras tanto, el gobierno presume de un pronóstico de crecimiento del PIB del 5% para 2024, pero esta prosperidad es un espejismo para la mayoría, concentrada en manos de magnates del turismo e inversores extranjeros mientras los ciudadanos comunes luchan por sobrevivir.
La deuda pública es otra bomba de tiempo. De 44.6 mil millones de dólares en 2020, se disparó a 54.8 mil millones para diciembre de 2023, con la deuda consolidada, incluyendo las obligaciones del Banco Central, alcanzando los 74.9 mil millones. Solo en los primeros cuatro meses de 2025, la deuda creció en 3.75 mil millones, un aumento del 6.52%. La oposición ha denunciado que este endeudamiento desenfrenado compromete a las futuras generaciones sin ofrecer beneficios económicos proporcionales. ¿La respuesta del gobierno? Repartos clientelistas como bonos de 1,500 pesos, que los críticos califican como sobornos populistas para mantener el favor en lugar de soluciones estructurales.
La crisis en Haití expone aún más las prioridades de Abinader. Su postura dura—construir un muro fronterizo de 164 km, que no avanza, y deportar a más de 250,000 migrantes en 2023, de lo cual no hay constancia—ha ganado aplausos domésticos, pero ha sido condenada por grupos de derechos humanos por fomentar el perfilamiento racial y el racismo estructural. Aunque Abinader pide intervención internacional en Haití, sus políticas dejan a la República Dominicana cargando con el peso de la crisis sin una estrategia coherente a largo plazo, desviando recursos de necesidades internas. Al enfocarse en las rivalidades internas del PRM, evita rendir cuentas por este fracaso diplomático.
El Manual del Demagogo: Especulando sobre las Intenciones de Abinader
¿Qué impulsa la obsesión de Abinader por controlar la narrativa? Especulativamente, su maniobra en Monte Cristi cumple un doble propósito: neutralizar a rivales internos y consolidar su imagen de líder intocable. Al reprender públicamente a funcionarios ambiciosos del PRM, Abinader envía un mensaje claro a posibles contendientes dentro de su partido: alíniense o enfrenten el ostracismo. Esta movida podría ser un golpe preventivo para afianzar su poder de cara a 2028, asegurando que nadie eclipse su influencia mientras navega su último mandato bajo el límite constitucional de dos períodos. Su insistencia en la disciplina partidaria, aunque envuelta en principios, huele a un esfuerzo calculado para sofocar la competencia y mantener su control sobre el PRM.
Además, las tendencias demagógicas de Abinader brillan en su habilidad para convertir crisis en capital político. Su campaña de seguridad fronteriza, completa con mensajes patrióticos que proclaman “la frontera es donde comienza la patria”, apela al nacionalismo mientras desvía la atención de los problemas domésticos. Al mantener a la oposición—como laFuerza del Pueblo y el PLD—enredada en debates sobre ética electoral, Abinader los obliga a elegir entre apoyar su postura (y parecer alineados con el PRM) o criticarla (y arriesgarse a ser tildados de defensores del oportunismo). Esta trampa asegura que la oposición pierda tiempo y energía en un tema secundario, mientras los problemas reales quedan sin respuesta.
Hora de Mirar Más Allá del Telón
La declaración de Abinader en Monte Cristi no es solo un llamado a la disciplina; es una maniobra estratégica para controlar la narrativa y mantener a la República Dominicana enfocada en un tema fabricado. Mientras el pueblo y la oposición se enredan en debates sobre quién debe renunciar y cuándo, los verdaderos desafíos—el costo de la vida, la salud en crisis, la inflación, la deuda desbocada y la situación en Haití—languidecen sin el escrutinio necesario. Es hora de que los dominicanos miren más allá de la cortina de humo, exijan rendición de cuentas sobre los problemas que realmente importan y resistan la tentación de ser distraídos por el teatro político de un demagogo. El futuro del país está en juego.








