
Buenos días. El Gobierno bajó tres pesos a la gasolina premiun el fin de semana, pero la lógica matemática, no el cuestionamiento político, apunta que correspondía una reducción de 48 pesos. Entenderlo es simple, en la última semana de febrero, antes de que estallara la guerra contra Irán, el barril West Texas, de referencia para RD, constaba 73 dólares y el galón de gasolina premium estaba a 290.10. A consecuencia de la guerra, el crudo se disparó a 100 dólares y el galón de gasolina se elevó a 341. 10. Tras la suspensión de la guerra el petróleo cayó a 69 dólares, 4 dólares menos que antes de iniciar guerra, pero el Gobierno solo bajó 3 pesos al galón en vez de 48 como indica el razonamiento matemático. La diferencia entre lo que se bajó y debió bajar, no responde a la lógica del mercado, es falta de transparencia oficial que oculta un acto de injusticia económica. En otras palabras, mientras el mercado internacional del petróleo respira tras momentos de extrema tensión geopolítica, el bolsillo del consumidor dominicano impunemente sigue asfixiado. Cuando el crudo estuvo alto, el Gobierno congeló los precios de forma artificial asumiendo deudas millonarias con las empresas importadoras y demás, pero ahora que el petróleo bajó, simplemente utiliza esa diferencia a su favor, no para abaratar el costo final al ciudadano, sino para recuperar el dinero no que perdió, sino que dejó de percibir. El proceder confirma la adicción fiscal al impuesto de los hidrocarburos, razón sencilla por la que la Ley vigente no se modifica. El MICM publica semanalmente notas de prensa enfocadas en «lo que nos ahorramos gracias al subsidio» o «las pequeñas rebajas», pero omite publicar el desglose real de la fórmula del PPI (Precio de Paridad de Importación). No se le explica de manera llana a la sociedad cuántos pesos de esos 48 que «debieron bajar» corresponden al pago de la deuda acumulada del subsidio, cuánto se queda en el margen de comercialización de los intermediarios y cuánto obedece a la depreciación del peso. Son rejuegos en los que el consumidor solo cuenta para perjudicar sus bolsillos. Mantener los precios de la gasolina artificialmente altos cuando el insumo base se desploma, es una transferencia forzosa de riqueza desde el presupuesto de la clase media y trabajadora hacia las arcas del Estado. Disfrazar la recaudación fiscal y el desahogo de deudas públicas como una «gestión responsable de precios», es subestimar la inteligencia de un país. La sociedad dominicana no exige regalos; exige proporcionalidad y la verdad detrás de cada centavo que le extraen en la bomba de gasolina…








