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El mundo no es un videojuego… Al Amanecer

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Buenos días. Los constantes cambios de posturas de Donald Trump, su supuesta intención de diálogo, que se derrumba a cada instante con nuevos ataques y retórica hostil hacia Irán, proyectan una preocupante sensación de desconexión con la realidad, a la vez que da la sensación de que el jefe de la Casa Blanca, simplemente participara de un videojuego donde los botones se presionan de forma impulsiva y se cree que las consecuencias se borran al apagar la pantalla. Para nada se toma en cuenta que ese proceder alegre e irresponsable perjudica a toda la humanidad. El, junto al genocida de Israel, han convertido el mundo en una alarmante coreografía de incertidumbres donde queda claro que su supuesta intención de diálogo, no es más que una simulación mediática. Las tensiones geopolíticas entre potencias y actores clave en el Medio Oriente no se quedan encerradas en los despachos presidenciales o en los búnkeres militares; se traducen de inmediato en volatilidad económica, escasez, subida de los precios de los recursos básicos y una profunda angustia global que termina afectando el día a día de ciudadanos ajenos al conflicto. Por eso se hace urgente recordar que las decisiones tomadas en el despacho oval o en los centros de mando de Oriente Medio, repercuten directamente sobre el destino de la humanidad. Una humanidad que ya supera con creces los 8 mil millones de personas. Frente a este panorama, la comunidad internacional no puede limitarse a ser una espectadora silenciosa de un choque de egos estatales. Se necesita, hoy más que nunca, la apertura de canales de diálogo sincero. Un diálogo despojado de tácticas de distracción, amenazas de vitrina y discursos incendiarios diseñados para el consumo doméstico o la validación electoral. Estados Unidos e Israel deben entender que el mundo no es una arena exclusiva para sus disputas geopolíticas y que sus movimientos arrastran la estabilidad de miles de millones de inocentes. Deben sustituir los ataques unilaterales y las provocaciones por una diplomacia multilateral robusta y predecible, así como abandonar las narrativas de destrucción mutua que solo conducen a callejones sin salida humanitarios y económicos. La diplomacia real exige madurez, coherencia y, sobre todo, empatía con un planeta interconectado. Por eso es hora de apagar la simulación del conflicto y asumir, con la seriedad que corresponde, el destino de la humanidad. Sí, porque el mundo es mucho más que un videojuego…

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