Sin Alcohol…
Suavecito… Trump atrapado. En el argot popular se dice que el aguaje es la mitad del pleito y si es así, el mejor ejemplo recae en Donald Trump. El todopoderoso presidente de los Estados Unidos acaba de reaccionar de manera negativa a la segunda propuesta para un acuerdo de paz que ayer entregara Irán a la Casa Blanca, vía Pakistán. ¿Por qué lo hace? Donald Trump persiste en su engaño de hacer creer que Irán está destruido y que ya ganó la guerra. Sigue actuando con una irresponsabilidad pasmosa, como si su guerra contra Irán fuera un juego, una lucha libre en un cuadrilátero particular y privado. Pero oculta su miedo, no sabe qué hacer, luce reducido a su falta de valor para admitir que sus planes fallaron y que ese fallo, que ha costado más de 40 mil millones de dólares a los estadounidenses, no solo lo humilla ante el mubndo, sino que los ciudadanos se lo cobrarán en las elecciones de noviembre. ¡Sencillamente quedó atrapado en su propia trampa! Irán, quien es el agredido, es quien presenta otra propuesta para un plan de paz, pero el agresor recula y gruñe como si fuera el agredido. Mientras tanto, el mundo sigue en ascuas, el petrolero disparado, las economías traumatizadas y la gente aguarda lo peor. Costosa desfachatez… Es verdad que hay gente que ve cosas que solo existen en su imaginación, pero no pocos sienten la curiosidad de que, en el rostro y proceder del señor Canciller de República Dominicana, se denota cierta pasión por los haitianos. Y eso no es malo, siempre que se trate de un asunto personal, preferencial, y que de ninguna manera afecte o involucre los asuntos del país. Los dominicanos ignoran a qué se debe la actitud y quizás atribuyan la donación de 10 millones de dólares, dizque para combatir las bandas haitianas, a que el funcionario dominicano se derrite ante los vecinos. Es ridículo que en medio de los apuros económicos que confronta la economía criolla, a raíz de la escalada militar que Donald Trump y su pupilo israelí desatan contra Irán, cuando justamente se nos pide sacrificio, por aquí nos pasemos de sabroso donando 600 millones de pesos para una causa que, el propicio Canciller lo sabe, es obra de militares, políticos y empresarios radicados en Haití. Parece que el señor Canciller desconoce que esas bandas criminales no son fortuitas, no existen porque grupos aislados la sustentan y financian, existen porque son fuerzas de choques que los sectores mencionados usan para resguardar sus riquezas y propiedades, así como para asegurarse el control de Haití. De ahí que no sea más que una desfachatez, que se regale lo que nos hace falta… (CE).








