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Poema:»Orlando no se debe archivar»… Miércoles de Poesía

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Luis Carvajal Núñez.
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Poema: Orlando no se debe archivar

Autor: Luis Carvajal Núñez

(Luis Carlos Carvajal Núñez es un escritor, poeta y ensayista de la República Dominicana reconocido por su aporte al pensamiento crítico y la cultura nacional. Su obra se caracteriza por un estilo reflexivo y profundo, en el que aborda temas sociales, filosóficos y de identidad dominicana. Además de su labor literaria, ha tenido participación activa en el ámbito académico y en iniciativas culturales, destacándose como una voz comprometida con el desarrollo intelectual del país y la promoción de valores humanísticos).

Orlando no se debe archivar

No lo pongan a dormir
en la vitrina del duelo.

Déjenlo donde arde.

En la juntura del hueso y la consigna.
En la palabra cuando se vuelve riesgo.
En la calle cuando la calle recuerda
que también sabe morder.

A Orlando le dispararon
para clausurar una respiración.
Les falló la puntería.
Le abrieron una puerta
a la furia del país.

Desde entonces aparece
cuando la patria cruje
como una viga húmeda
bajo el peso de los amos.

Aparece en el polvo rojo del sur.
En la costra de bauxita.
En la firma grasienta
que remata un río.
En la loma vendida por pedazos.
En el contrato que sonríe en inglés
mientras aquí
la olla sigue raspando su fondo.

Su Microscopio
más que mirar:
perforaba.

Metía una aguja de luz
en la podredumbre del poder.
Rasgaba la seda del discurso.
Le sacaba a la patria alquilada
el alambre,
la garrapata,
el diente de oro.

Por eso dolía.

Porque nombraba sin colonia en la lengua.

Porque veía el banquete
y también las costillas del hambre.

Porque oía, debajo del himno,
la caja registradora.

Porque sabía
que el saqueo aprende modales,
usa corbata,
cita expertos,
habla de clima de inversión
mientras le pone precio
al agua,
al monte,
a la costa,
a la sombra.

Y ahora vuelve a entrar
por la herida del presente.

Vuelve
cuando el gobierno baja la cabeza
ante los mercaderes de la guerra
y les aprende el libreto.

Vuelve
cuando la metralla se cotiza en bolsa
y el mundo llama orden
a la carnicería con satélites.

Vuelve
cuando la ultraderecha saca brillo a sus botas,
se peina de patria,
se persigna de mercado,
y sale a cazar pobres, migrantes, memoria,
todo lo que respire distinto,
todo lo que no se arrodille.

Vuelve
cuando nos quieren mansos.
Agradecidos.
Administrados.

Vuelve
cuando la corrupción reparte servilletas
para que el robo no ensucie los trajes.

Cuando la entrega
se redacta como estrategia.

Cuando la patria comparece
amarrada y peinada
como una sobrina mansa
obligada a casarse por negocio.

Entonces Orlando
se para en mitad del salón.
Irrumpe sin turno.
Rompe el brindis.
Le mete una esquirla de verdad
al paladar del ministro,
del socio,
del técnico que alquiló su saliva,
del patriota de micrófono
que bendice el despojo
y luego se lava las manos
con agua del pueblo.

Orlando no regresa
como estampita.

Regresa
como un cuchillo en la garganta.
Como una fiebre moral.
Como una lámpara rabiosa
en el aula,
en el barrio,
en la parcela cercada,
en la UASD cuando se ajusta la voz
y sale a la calle
sin pedirle permiso al miedo.

Ahí está.

En la muchacha que levanta un cartel
y deja de temblar.
En el viejo que escupe la rabia
cuando venden la costa.

En el campesino que abraza su surco
mientras el bulldozer
rezonga su evangelio de acero.

En la madre
que defiende el agua
como quien defiende
la respiración de sus hijos.

No me lo llamen recuerdo.

Llámelo deber con relámpagos.
Llámelo vergüenza que aprendió a pelear.
Llámelo país
cuando el país decide
no seguir sirviendo la mesa
donde se lo comen.

Que nadie lo use
para decorar aniversarios.

A Orlando hay que merecerlo.

Hay que cargarlo
como se carga una brasa:
sabiendo que quema,
sabiendo que alumbra,
sabiendo que pide más que aplausos
y oraciones.

Y cuando otra vez
vengan a vendernos el río,
la escuela,
la playa,
el monte,
la noche,
el pan,
la última raíz del decoro,
que Orlando salga
por millones.

Que salga por la boca.
Por la marcha.
Por el aula.
Por el barrio.
Por la desobediencia limpia
de quien ya entendió
que callar también firma.

Que salga
hasta que el agua
deje de tener amo.

Hasta que el oro
deje de escribir la ley.

Hasta que la patria
no sea un negocio de oficina
ni un cadáver rentable
bajo focos extranjeros.

Hasta que la vergüenza
cambie de bando.

Y si preguntan
dónde está Orlando,
no señalen una foto.

Señalen la calle
cuando por fin
se llena de gente

dispuesta a lograr
que la patria
deje de servir de mesa

Para que la vergüenza,
definitivamente,
cambie de bando.

______________

Coordinación: Mario Crescencio Bulduan