Por Leonardo Cabrera Díaz
Para ti, mujer, una flor,
con mil suspiros envueltos
y mi corazón tendido al viento.
En cada pétalo guardo un te quiero,
un mapa de luz que guía mis pasos
hacia el refugio dulce de tus brazos.
Eres jardín en medio de la aurora,
el verso que nace, la calma que inspira,
la mano que sana, la voz que suspira.
Recibe este aroma de entrega sincera,
pues no hay primavera que iguale tu brillo,
ni flor más hermosa que tu, mujer.
Y en este jardín de amor y sueños,
donde florecen las ilusiones y quimeras,
ser el jardinero quisiera
para cuidarte, mujer, con devoción y empeño.
Con Dios siempre, a sus pies.








