Por Hilario Ramírez
Fernando Villalona describe la juventud duerme bajo los puentes
Es la dura realidad.
El factor desencadenante es el déficit de nutrientes en las hormonas que regulan el sistema emocional.
Una persona en cualesquiera de los dos sexo, se ve envuelto en situaciones de tentaciones al momento de interactuar con otros individuos de mayores pobreza neurológica; a quienes por error les confiesan un problema personal.
Esas personas que fungen como un escucha confesionario, al pertenecer a un Club de consumidores de sustancias psicoactiva, incentivan a quien busca apoyo emocional, a que prueben un pequeño consumo sin costo y a manera de cortesía.
Un cerebro cargado de grande incertidumbre y perseguido por un estado de ansiedad, al tropezar con la confianza en otras gentes decepcionadas de su vida, cuyo derrumbe de su amor propio los anida en el vicio, lamentablemente cae en el mismo lodazal del antisocial.
La salud mental es un artefacto con aspectos inofensivo pero al poseer factores diversos en su agravamiento, la distracción de un tratamiento farmacológico impide a los familiares del paciente analizar la raíz del problema.
Así como insignificante luce un explosivo, también pasa desapercibido el impacto de una socialización entre una persona honrada con un desahuciado de las costumbres sanas, que al padecer deterioro degenerativo en los neurotransmisores de su organismo, hacen de su irreverente estilo de vida un santuario que adoctrina a otros sin experiencia en actividades delictivas.
A pesar de la interpretación reflexiva en la vocalización del cantante francés Charles Aznavour, Villalona la llevó a merengue suave, el cual nuestros oídos musicales lograron acomodar el gusto popular.








