
Por más que el oficialismo trate de disimularlo con sonrisas en rueda de prensa y discursos en piloto automático, algo se quebró el pasado 30 de noviembre. «La Marcha del Pueblo», encabezada por Leonel Fernández y Fuerza del Pueblo (FP), no solo movilizó multitudes: movilizó temores. Y esos temores están bien ubicados… en la bancada del PRM, donde de repente algunos diputados redescubrieron su amor por la “habilitación presidencial”, como si la Constitución fuera una puertecita vaivén del viejo Oeste.La imagen es clara: un PRM que hasta hace dos semanas se vendía como un motor en marcha, ahora parece un carro público subiendo a Constanza… con el aceite en rojo y rezando para que no le falle la transmisión.
Cuando una marcha provoca “creatividad constitucional”
La secuencia fue reveladora. Apenas horas después de la marcha, surgieron voces del PRM proponiendo rehabilitar a Danilo Medina (sí, al mismo que llevan cinco años demonizando) y, de paso, habilitar también a Luis Abinader, como quien pone dos platos en la mesa “por si acaso”.
La pregunta es inevitable: ¿Desde cuándo el PRM siente esa necesidad urgente de expandir el menú electoral? La respuesta es aún más clara: Desde que vieron la fuerza real que puede movilizar la oposición.
Si el gobierno estuviera tan seguro de sus números, tan convencido de su obra y tan confiado en su “popularidad”, no estarían algunos legisladores tratando de revivir candidatos como si fueran personajes de una saga que ya había cerrado trilogía. Ese súbito interés en “dejar que el pueblo decida” no es un arrebato democrático; es un ataque de pánico político.
El declive del PRM ya no se puede esconder
Basta caminar por cualquier barrio, colmado o parada para escuchar el mismo coro: “Todo está caro.” “La inseguridad está insoportable.” “Este gobierno no da pie con bola.”
El supuesto “cambio” terminó siendo una obra de teatro cuyo tercer acto se desplomó con todo y escenografía.
La economía del día a día ahoga, la canasta básica es un enemigo personal, los servicios públicos se deterioran, y el discurso oficial es una mezcla de excusas, maquillajes estadísticos y conferencias motivacionales. Mientras tanto, los escándalos no cesan: compras cuestionables, improvisación permanente, apagones, descontrol migratorio y una gestión que luce más perdida que un turista en Villa Mella sin GPS.
El PRM está en declive… y lo sabe. Y por eso tiene miedo. La marcha del 30 de noviembre lo confirmó de una forma que ningún tracking interno logra maquillar.
Leonel Fernández y la FP: la curva ascendente que inquieta al gobierno
Lo más interesante de la marcha no fue solo la multitud, sino el tipo de multitud. Diversa, joven, cansada de excusas y con un mensaje claro: la paciencia se acabó. Ahí radica la preocupación del oficialismo. Es fácil ignorar encuestas. Es más difícil ignorar calles llenas.
La Fuerza del Pueblo ha logrado lo que parecía impensable: reconectar emocionalmente con sectores que estaban apáticos o desencantados. Y lo ha hecho con un discurso firme, una crítica articulada, propuestas concretas y un liderazgo que, para bien o para mal, nadie subestima.
El fenómeno es evidente: la FP está creciendo donde el PRM está perdiendo pie. Y el 30 de noviembre lo convirtió en un hecho visual, palpable, irrefutable.
El PRM sabe que está en retroceso, y la reacción interna lo delata: cuando un partido está fuerte, no quiere reelecciones extra; quiere competencia interna. Cuando un partido está débil, en cambio, empieza a buscar salvavidas en los mismos líderes a los que antes desahució.
Un gobierno agotado vs. una oposición en ascenso
A estas alturas, el PRM parece una administración agotada, sin narrativa, sin energía y sin respuestas, replegada sobre su única defensa: “el pasado fue peor”. Y mientras se enredan en ese libreto cansado, la realidad va por otro lado: La gente siente que el presente es insoportable.
Fuerza del Pueblo, en cambio, está llenando el vacío con una mezcla de crítica sólida y capacidad de articulación. No es casualidad que muchos en el PRM estén, discretamente, preocupados: están viendo el mismo mapa político que el país… y saben que la marea está cambiando.
La marcha no fue una protesta; fue un aviso
El 30 de noviembre quedará registrado como el día en que el PRM entendió que su proyecto político dejó de ser dominante y empezó a ser cuestionado de forma seria y masiva. La gente lo dijo en las calles, no en una encuesta pagada: el país está buscando otro rumbo.
Fuerza del Pueblo, con Leonel Fernández a la cabeza, está capitalizando ese giro. Y el gobierno lo sabe. Por eso los nervios, por eso las propuestas desesperadas, por eso la súbita creatividad constitucional.
La marcha no solo mostró fuerza, sino que mostró futuro. Y ése es, precisamente, el mayor temor del PRM.








