
Buenos días. El sacerdote católico Ancelmo Alejandro Peña Sánchez, un “servidor de Cristo” en la provincia Santiago Rodríguez, fue recientemente condenado bajo la imputación de violar sexualmente a varias jóvenes y mujeres. Como lo han hecho otros tantos “padres” y desde tiempo inmemorables, el citado depredador sexual se aprovechaba de su sotana, ganaba la confianza de los familiares de sus víctimas, las envolvías en sus perversidades y finalmente las convertías en presas de sus apetitos carnales. La jueza Norma Zapata, de la Oficina Judicial de Servicios de Atención Permanente de la referida provincia, le impuso arresto domiciliario por tres meses, garantía económica e impedimento de salida del país, además de dictar medidas de protección a favor de las víctimas y sus familiares. El “cura” había sido arrestado luego de que varias devotas denunciaran haber sido abusadas, destacando el caso de dos mujeres que lo acusan de violarlas desde que tenían 12 y 14 años de edad, una práctica que mantuvo con un de ellas hasta que se hizo adulta. Si bien la condena marca distancia respecto a la complicidad con que la justicia dominicana ha actuado siempre cuando se trata de esa práctica endemoniada que involucra a sacerdotes católicos, que uno supone son protegidos por los privilegios del Concordato, el caso reúne méritos suficientes para que ese animal fuera condenado a la horca. ¡Pero siempre se impone el titubeo!, mientras el mal se hace habitual y la gente prefiere callar para “no buscarse problemas con la Iglesia”. Los abusos sexuales deben ser tratados con mayor rigurosidad, máxime si son cometidos por aprovechadores como sacadores y pastores. De ahí que, desde estas páginas, hemos abogado de manera insistente por la aprobación de una Ley que consigne la castración química obligatoria para toda clase de violadores, abusadores, hostigadores, que conviertan a niños, adolescentes y mujeres en víctimas de sus enfermedades. ¡Lamentablemente pesan más intereses y pruritos religiosos que la urgente necesidad de cortar de raíz el mal!








