
Buenos días. En varias oportunidades se ha prometido que finalmente en este mes agosto, será inaugurado al menos un primer cuadrante de la esperada cárcel Las Parras, famosa ya por sus injustificados retrasos. El país apuesta a que la promesa se materialice a los fines de que el engendro de corrupción y símbolo azaroso de la dictadura trujillista, conocido como La Victoria, sea sustituido como centro carcelario. No solo por su aborrecible legado de torturas, sangre y muertes, sino porque representa una vergüenza, convenientemente permitida, donde el crimen organizado funciona a sus anchas. Por eso es urgente que se hagan todos los esfuerzos que sean necesarios para que, finalmente, Las Parras albergue a una partida significativa de los reos que se mantienen en La Victoria. Eso sí, tiene que procurarse con antelación que no haya espacio para el narcotráfico, rey absoluto de ese mercado nombrado como cárcel La Victoria, tampoco para ninguna de las otras formas de corrupción que allí cohabitan. El país conoce de las diabluras permitidas que se cobijan en el referido lugar, gracias a la complicidad de funcionarios carcelarios que llenan sus bolsillos con el negocio de armas, drogas, celulares y hasta bebidas alcohólicas. Se trata de un inconcebible fenómeno que, en honor a la verdad, tiene presencia dominante en la casi generalidad de los recintos penitenciarios de República Dominicana. De ahí la necesidad imperiosa de que la sociedad se coloque en posición de alerta y con soberana fortaleza, impida que Las Parras sea convertida en una extensión pura y simple de ese antro maldito de corrupción, que penosamente seguimos conocimiendo como la funesta cárcel La Victoria.








