
(Y segunda parte)
Buenos días. Con sobrada razón cuestionamos ayer la supuesta independencia del Ministerio Público, en lo fundamental por la actitud de sospechosa indiferencia que exhibe ante la situación que nos afecta junto a otros periodistas de Santiago. A menos que intencionalmente no se esté en espera de lo peor, nada justifica que no se de curso al procedimiento judicial que incoáramos hace casi dos años contra un puñado de sujetos que se ha creído en libertad para dañar, o al menos intentar vanamente hacerlo, sobre la base de difundir calumnias y ofensas contra periodistas que asumen como sus “enemigos”. Lo que se evidencia en estos es celos, pura frustración por su incapacidad para competir en los planos gremiales y profesionales con los que, muy alegremente, eligieron como rivales a destruir. El Ministerio Público en Santiago tiene más de 60 pruebas recogidas en un voluminoso expediente contra los encartados y, a pesar de la gravedad de cada una de estas, sencillamente no reacciona. Esa es una señal preocupante en tanto contra los afectados han hecho circular públicamente acusaciones de asociación de malhechores, falsificadores de documentos, delincuentes que trafican con las instalaciones y los dineros del Club Recreativo de los Periodistas, ladrones que se cogieron más de cien millones de pesos y hasta indican a algunos como pedófilos. Si las cosas no han degenerado en situaciones lamentables solo se debe a la prudencia, formación y sobriedad con que los perjudicados hemos manejado la situación, lo que no se puede confundir jamás con cobardía y cosas por el estilo. Naturalmente, somos seres humanos, tenemos familias, y seria lamentable que las cosas tomen otro derrotero de lo que solo habrá un responsable, que se llama Ministerio Público. Lo peor de todo esto es que la embestida irresponsable es carente de prueba, se fundamente en odio, envidia, celos, y viene de un grupo sin historial ni méritos en el ejercicio del periodismo, que en su mayoría no tiene formación académica, mucho menos ha dejado huellas de éxitos en las instituciones periodísticas donde lograron colarse como miembros y donde no han dirigido ni siquiera el área de baños. Vergonzoso es admitir que, entre esos mitómanos irresponsables, se oculta gente de doble moral, de esos «asesores» que medran en la oscuridad, que gustan apuñalar por la espalda mientras fingen amistad y que carecen de dignidad para dar la cara. De lo que pudiera ocurrir en lo adelante, sabrá el Ministerio Público.








