Inicio Opinión Rompiendo el cerco mediático: Estrategia desde la oposición

Rompiendo el cerco mediático: Estrategia desde la oposición

1011
0
Spread the love

Cómo puede un partido opositor crear una maquinaria comunicacional efectiva y de bajo costo, alineada con la cultura dominicana, que conecte con el pueblo más allá del dinero y los medios tradicionales.

Por Ramón Morel

En un país donde el poder político se compra también con pantalla, titulares y tarimas, parecería imposible que un partido de oposición pueda abrirse paso sin millones invertidos en publicidad. Más aún cuando el oficialismo, encabezado por el PRM, cuenta con un músculo comunicacional sin precedente, contratos publicitarios millonarios, control de medios tradicionales, financiamiento a grandes plataformas digitales y acuerdos con figuras de la comunicación que, más que informar, actúan como escuderos del poder. Sin embargo, en República Dominicana aún hay algo más poderoso que el dinero: la conexión auténtica con el pueblo.

Este artículo propone un modelo de comunicación política desde abajo, centrado en la realidad dominicana, basado en la idiosincrasia, psicología social y hábitos culturales del dominicano promedio. Una estrategia que no requiere más recursos que los que puede ofrecer un partido comprometido con escuchar, crear y actuar con inteligencia.

La hegemonía comunicacional del PRM

Desde el inicio de su gestión, el gobierno del PRM ha invertido cientos de millones de pesos en publicidad estatal. Según datos de la Dirección General de Presupuesto (DIGEPRES), solo en 2023 se destinaron más de RD\$4,000 millones en comunicación institucional. La lógica ha sido clara: saturar el espacio público de una narrativa oficialista, ya sea en televisión, radio, prensa escrita, redes sociales o eventos “espontáneos” que terminan viralizándose con ayuda de influencers pagados.

A esto se suma un fenómeno que afecta a toda América Latina pero que en RD tiene una expresión cruda: el alquiler de voces influyentes. Comunicadores que se declaran “independientes” repiten, sin cuestionar, las líneas del gobierno. Grandes programas de opinión funcionan más como extensiones del Palacio Nacional que como espacios de análisis. En este contexto, cualquier partido opositor que intente contrarrestar esta maquinaria desde los mismos canales, está destinado al fracaso. La salida está fuera del cerco.

Conocer al pueblo antes de hablarle

Uno de los grandes errores de la oposición ha sido comunicar como si el pueblo fuera una masa homogénea, sin tener en cuenta sus códigos, emociones y canales reales de comunicación. Para tener éxito, un partido debe preguntarse:

¿Qué mueve emocionalmente al dominicano promedio?
¿Cómo consume información el colmadero, la doméstica, el motorista?
¿Cuáles son sus frustraciones reales?
¿A quién sí le cree el pueblo?

La psicología colectiva dominicana responde más a lo vivencial que a lo ideológico, más al rostro que al símbolo. El dominicano escucha al que le habla claro, al que se le parece, al que no lo trata como tonto, al que se mete en su cotidianidad sin sonar como político tradicional.

Por eso, una estrategia efectiva debe apostar a *la comunicación barrial, **los influencers naturales, **los relatos reales* y *el humor inteligente*. Se necesita construir una narrativa no desde la élite de los partidos, sino desde los pisos rotos de los barrios.

El poder de lo pequeño (pero creíble)

1. Microinfluencers comunitarios

Mientras el gobierno paga a grandes figuras, los partidos opositores pueden articular una red de microinfluencers locales: líderes comunitarios, motoconchistas con muchos seguidores, maestras carismáticas, gente que ya genera confianza en su entorno. Estas voces, con un teléfono en mano, pueden difundir mensajes poderosos sin necesidad de estudio de televisión.

2. Comunicación vivencial

En vez de spots costosos, se deben producir videos breves desde el campo, desde el barrio, desde la guagua. Que hablen del precio del plátano, del miedo al desempleo, del hijo que no puede estudiar. Que usen lenguaje llano, con símbolos locales. Que se vean auténticos, sin guion forzado.

3. Narrativa emocional, no técnica

Al pueblo no lo conmueven las cifras del FMI. Lo mueve la historia de la doña que no puede pagar el gas, el joven que se gradúa y termina vendiendo empanadas. Hay que cambiar los comunicados por testimonios.

4. Uso inteligente del humor y la sátira

El dominicano lidia con su dolor a través del humor. Un partido puede crear contenido satírico que ridiculice las contradicciones del gobierno sin caer en vulgaridad. Memes, canciones callejeras, parodias, personajes caricaturescos. El “compay PRMeíto” puede tener más impacto que un discurso de media hora.

Crear comunidad, no solo audiencia

Una de las claves de la nueva comunicación política es crear comunidad, no solo seguidores. El partido debe abandonar el monólogo para abrir espacios de participación real:

-Grupos de WhatsApp segmentados por sectores.
-Encuentros cara a cara, transmitidos en vivo, con participación abierta.
-Campañas de escucha activa: que el pueblo hable y el partido escuche.
-Proyectos barriales colaborativos donde la política se mezcle con la acción social: operativos médicos, asesoría legal, encuentros deportivos, y más.

Cuando el partido se convierte en parte de la vida diaria de la gente, ya no necesita pedir atención. La tiene.

La coherencia como mejor publicidad

La estrategia más poderosa sigue siendo la coherencia entre discurso y acción. Ninguna campaña sustituye la credibilidad. Ningún video viral salva la reputación de un partido que pacta con lo que critica. Por eso, todo esfuerzo comunicacional debe sustentarse en una conducta política honesta, cercana y valiente.

Al final, el pueblo dominicano no necesita promesas espectaculares. Necesita ser tratado con respeto, con empatía, con sentido de justicia. Y eso se comunica más con hechos que con jingles.

El PRM ha comprado muchas voces, pero no ha comprado el alma del pueblo. Hay espacio para una comunicación distinta: desde abajo, con creatividad, con humor, con verdad. Los partidos de oposición no tienen que competir en presupuesto, sino en autenticidad, ingenio y cercanía.

La comunicación política del futuro en República Dominicana no será del que más hable, sino del que mejor escuche. El camino está abierto. Solo hay que tener el valor —y la inteligencia— de recorrerlo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí