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La cotidiana utopía del engaño social

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Por Hilario Ramirez

En una noche de aprendizaje, se debatía en el aula la trascendencia comparativa entre ser pobre o poseer riquezas.

Mi padre en sus cotidianas procuras de forjar valores, solía enunciar:
«El silencio es más elocuente que las palabras»

Ese principio filosófico me enseñó que mediante el método científico de la observación y el silente uso de la prudencia, se consiguen substanciosas riquezas.

Se puede llegar a acumular fortunas económicas y no contar con un centavo de paz emocional.

El habilidoso que estuvo encarcelado, denominado «mantequilla», era pobre aunque con manejos académicos de los números aritméticos.

Acudió a la estrategia marketing para promoverse como un mago en aumentar los márgenes beneficios sobre pequeños montos de dinero.

Quienes les creyeron ya contaban con importantes sumas para emprender un proyecto. Pero la ambición en el oído que espera escuchar sueños realizable, ayudaron a mantequilla salir de la olla !

NO espere a que otros digan lo que tus oídos quieren escuchar. Vive tu propósito y no la utopía del engaño social.

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