
Buenos días. Echar andar acusaciones acerca del supuesto maltrato contra haitianos indocumentados, sin la más mínima presentación de pruebas, es una práctica perversa que se ha hecho cotidiana y que impulsan sectores aviesos, quienes conspiran contra la soberanía de República Dominicana. En esos propósitos convergen viejas entelequias conocidas, otras disfrazadas de ONGs, instrumentos parasitarios de alcance internacional, plataformas informativas y bocinas locales que, aunque ya no son tan intensas al ser puestas en evidencia, siguen fungiendo como soportes de bajo perfil. En otra palabra, mientras la solidaridad dominicana sigue siendo intensa y real a favor de millones de haitianos, tenemos que soportar una ardiente y permanente presión por parte de instrumentos inútiles, liderados por cosas como la ONU y Amnistía Internacional, en la que convergen, además, embajadas, consulados y, reiteramos, agresivas “organizaciones sin fines de lucro”. Persisten en su marcado propósito de acorralarnos como nación soberana en el vano afán de impedir que pongamos nuestras reglas de juego y echemos a todo el que habite de manera ilegal en nuestro territorio. Buscan que finalmente cedamos a sus intenciones, que renunciemos al sagrado derecho de defender nuestra autodeterminación y, finalmente, nos arrodillemos para que, como simples siervos, aceptemos como buena y válida la unificación de la isla. A esos, de allá y de aquí, tiene que quedarle claro que nuestra Patria no se negocia.








