
Buenos días. Centenares de periodistas católicos se reunieron el pasado sábado en el Vaticano para participar en la celebración del Jubileo de la Comunicación. Con ellos, el Papa Francisco compartió reflexiones muy certeras y críticas respecto a los medios de comunicación hoy día, aunque haciendo mayor hincapié en las redes sociales. El sumo pontífice pidió a los comunicadores “liberar el corazón de lo que corrompe” y les recordó que “vuestro trabajo es un trabajo que construye: construye la sociedad, construye la Iglesia, hace que todos vayan adelante, siempre que sea verdadero”. Fue en ese contexto que exhortó a expulsar la “podredumbre cerebral provocada por la adicción al continuo ‘scrolling’ en las redes sociales”. ¡Y no es para menos! Las benditas redes sociales son ahora espejo y sala de exhibición de putas que muestran hasta la matrícula, de solteronas y quedadas faltosas de macho y sexo que lo muestran todo sin sonrojos. Son un derroche de “chicas” mercancías con nalgas al aire y precarios taparrabos, un mostrador de viejitas que en vez de coger un rosario, se exhiben en trajes menores y hacen insinuaciones vagabundas, ¡en fin!, las redes sociales fungen de vitrinas públicas donde el morbo, la promoción del sexo y las morisquetas más estrafalarias, compiten por el premio a los más depravado y vulgar. Claro está, ni esa mercancía vulgar como tampoco las redes en sí, son culpables del desenfrenado derroche de porno. Lo son los magnates propietarios que premian la vulgaridad extrema. Aquellos que pagan dólares por las audiencias generadas por los contenidos basura y las perversidades mercadeadas a través de las susodichas redes sociales. ¡Una «digna» obra del mundo en democracia y libertad!








