Mojigandiando el sábado

Por Alejandro Espinal
Muchos dominicanos que se criaron en el campo o siendo de la ciudad se acostumbraron a escuchar esta palabra ya sea con sus padres, jardineros o campesinos que labran la tierra; todo parece haber cambiado.
Para la Real Academia Española, en su verbo transitivo, «chapear es limpiar la tierra de malezas y hierbas con el machete».
El campesino dominicano lo hace, pero utilizando el colín y dando un corte superficial, no tan profundo como el desyerbar.
Sin embargo, el lenguaje pueblerino se ha encargado de robarle esta palabra al campesino que ya no dice chapear sino dar un corte por temor a que lo confundan con el «Chapeo» de ahora con su nueva interpretación.
Chapiadora.
Si se va al diccionario encontrará «máquina de cortar la maleza y la hierba», pero si se va al pueblo encontrará que se trata de «Una mujer u hombre que seduce con algunos Favores sexuales por dinero o bondades».
Anteriormente se usaba la palabra «peladora», para la mujer que trataba de conseguir dinero y favores.
Diferencia entre peladora y chapiadora.
La peladora solamente entusiasma con movimientos y palabras para conseguir su propósito, pero no da el favor sexual deseado.
La Chapiadora se ve un poco más entusiasmada y entrega. Así logra que el propósito sea más amplio en el sentido del dinero y los favores.
Frases de moda:
– «Te están chapiando».
– «No te dejes chapiar».
– «Yo no me dejo chapiar».
– «Hombre que no floja dinero, no camina, anda en silla de ruedas».
– «Hay que ser chapiable aunque no te dejes chapiar».
+ Mamíferos que se reproducen más rápido.
El ratón doméstico puede tener camadas de 5 a 10 crías cada 20 días aproximadamente.
Los conejos pueden tener una gestación cada 30 días entre febrero y octubre.
+ No entiendo.
A algunos peloteros que cuando les otorgan una base por bola tiran el bate con desprecio, entonces ¿por qué no se poncharon o dieron un jonrón?
+ A propósito de Halloween
Lo más masoquista es pagar para ver una película de misterio, a sabiendas de que te van a «meter miedo».
+ Cuentecito.
Una señora un tanto disgustada conversa con su esposo y le reclama que no ha progresado en lograr un ascenso en su trabajo, acusándolo de «pendejo», y continúa: «Por ser tan pendejo, la compañía no te ha asignado un vehículo ni te ha enviado de viaje al extranjero. Pero es que eres tan pendejo que si hacen un concurso para elegir al más pendejo, quedas en segundo lugar por pendejo».








