Estados Unidos, centro hegemónico mundo unipolar

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Henry Polanco

El mundo unipolar, que fenece, se fortificó gracias al saqueo de los pueblos de Asia, África y América Latina. Durante décadas los Estados Unidos, después de salir victorioso en la Guerra Fría, desarrollaron una campaña propagandista de los nuevos valores de la democracia, Made in USA.

A buena hora, en todos los campos de la actividad humana, ahora el mundo vive cambios geopolíticos profundos, orientados hacia un sistema multipolar, más democrático y justo, que pone fin a este desbarajuste. Las élites de Occidente pretenden que nada cambie, o sea, que se preserve el orden actual, que protege a los fuertes contra los débiles.

Esto no es así, la era de la unipolaridad llegó a su fin, su obsoleto modelo está siendo reemplazado por la multipolaridad, un orden basado en los principios fundamentales de justicia e igualdad, en el reconocimiento del derecho de cada Estado a escoger sus propias vías de desarrollo.

Los cambios actuales en la política internacional son irreversibles y nada volverá a ser como era antes, cuando naciones poderosas consideraban colonias a los demás países. Ese estatus lo creyeron eterno y olvidaron que sólo Zeus es eterno, los demás son devorados por el insaciable Kronos.

Durante la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos atizó y capitalizó el conflicto entre las naciones europeas. su estrategia de crecimiento a costa del degaste de los Estados Competidores fue muy efectiva, y después que sus competidores se destrozaban entonces, quienes se quedaban con el mercado.

Después fue el sostén económico principal del ascenso del fascismo en Italia y Alemania, en aras de dividir y polarizar al viejo continente. Todavía es difícil entender su alianza con la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial; acaso Adolfo Hitler le representaba una amenaza más severa que Moscú.

Una vez que se percató de que en la guerra del Pacífico no podían lidiar con Japón por medio de una guerra convencional, recurrió al exterminio: dos bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki lo constataron, para garantizar su poderío y su avance en armamento y quien mandaría de ahora en adelante.

Se omite con frecuencia el hecho de que ha recurrido a las estrategias de exterminio tantas veces como se ha visto arrinconada.

Ya en la posguerra, las economías de Japón y Europa se recuperaron del todo sólo hasta fines de los años 70. Y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se les fijó como un adversario político, pero nunca económico.

En suma: a lo largo del siglo XX Estados Unidos no tuvo ningún contendiente entre las grandes potencias, ya sea porque se encontraban en guerra o en medio de sus propias ruinas.

Todo cambió en la década de los 90. La Unión Europea se consolidó como polo industrial y cultural. Japón devino la segunda economía del mundo. A principios del siglo XXI, Rusia ordenó su casa y se afirmó, una vez más, como potencia militar y sobre todo nuclear.

La gran sorpresa fue China, país al que en los años 60 se le deparaba un destino similar al de las sociedades de América Latina, un país superpoblado y llenos de muertos de hambre.

Pero ahora que está a punto de sobrepasar el PIB estadounidense, es declarado la principal amenaza para el sistema hegemónico que dirige Estados Unidos.

A diferencia de lo que aconteció en el siglo XX, Estados unidos enfrenta hoy un mundo lleno de competidores de todo tipo. Aunque no como antes, el PIB y las exportaciones chinas continúan creciendo.

En Ucrania, Rusia está demostrando que puede lidiar con una guerra convencional y un centenar de sanciones que la desacoplan del mundo occidental, mientras que los pronóstico se convierten en un Bumerán.

Y la Unión Europea en su conjunto cuenta con una riqueza mayor que la ­estadounidense, pero dependiente del poder norteamericano, donde se Está jugando la principal carta del Ajedrez político.

Frente a un orden en que está obligado a competir, Estados Unidos parece haber perdido la brújula. Su primera reacción fue apropiarse de los energéticos de Cercano Oriente. Ya fracasó. Su segundo paso contundente ha sido enfrentar, una vez más, a los europeos entre sí. Éste y no otro es el cometido de su intervención en Ucrania.

Lo que están descubriendo los europeos es que ­Washington ya no los puede sostener económicamente. Todo lo contrario. Está provocando un proceso que ellos mismos llaman de desindustrialización.

Al parecer, tampoco logra doblegar a Vladimir Putin. Y China e India, una vez levantadas las medidas antipandemia, se aprestan a la competencia, y al forcejeo, tanto político como Militar.

Enfrascado en paradigmas que pertenecen al siglo XX, Estados Unidos se niega a aceptar la condición multipolar del mundo actual, lo cual ve amenazado ante la falta de una iniciativa que sea creíble, pues el peor enemigo de Estados Unidos es el engaño en ha mantenido al mundo hegemonico que creo tras la desaparición de la Unión Soviética, y se desalvorota al ver su paradigma engañoso hecho basura.

El creciente injerencismo de la primera potencia mundial, se ha hecho insoportable, soberbio, ambiguo y mezquino, el mundo está harto de la perversidad de las mentiras y la manipulación de los medios norteamericanos, por eso las naciones se rebelan y no hay reflexión posible ante la crisis mundial del engaño.

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