Vivir con los desafíos de la naturaleza 

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Razonando

Alejandro Espinal

Por Alejandro Espinal
Cada día estamos en el peligro de un fenómeno de la naturaleza como los terremotos y ciclones.
Los terremotos son menos deseados porque no tienen la «cortesía» de los huracanes, que avisan ya que la ciencia tiene equipos y tecnologías para detectarlos y seguir su trayectoria.
En cambio estos  llegan como Pedro por su casa y no permiten que uno se acomode. Ni puede decir que va a hacer un sancocho, o va a comprar bebidas alcohólicas y a jugar dominó. Solamente «el golpe avisa».
Sin embargo, en ambos casos podemos prepararnos mejor para mitigar los daños.
Se ha avanzado bastante desde la creación en el 2001 del Centro de Operaciones de emergencias (COE), el cual reúne a todos los organismos de socorro, pero necesitamos perfeccionar más porque estamos en la ruta de los ciclones.
Siempre se recuerda el de San Zenón, que causó estragos en casi todo el territorio nacional, el 3 de septiembre de 1930, provocando daños en todo el territorio nacional, principalmente en la capital dominicana donde el mar entró a  la ciudad.
Otros fenómenos como Inés, Flora, Hortensia, David, George, han causado enormes daños tanto de muertes, lesionados. Así  a la agricultura, la crianza  de animales, viviendas y la infraestructura vial.
La temporada ciclónica comienza desde el primero de junio hasta el 30 de noviembre. Es decir, que prácticamente tenemos la mitad del año con ese peligro, agravado ahora con el cambio climático.
En cambio, los terremotos son menos frecuentes, pero no avisan y en ocasiones producen tsunami, que es cuando el mar entra a la tierra como si fuera una especie de tiro de gracias.
La zona de Santiago, es una «Bomba de tiempo», a decir de los expertos en este  evento por la condición de su terreno muy arcilloso.
Por consiguiente necesitamos viviendas, escuelas y hospitales más seguros en su construcción tanto para ciclones y terremotos.
Hay que impedir las construcciones de edificaciones y casuchas al lado de ríos, arroyos, cañadas y zonas peligrosas.
Tenemos que contar con centros de acopios de alimentos, agua y medicina.
Así como mejorar los equipos de rescates y los instrumentos utilizados en los grupos de socorros.
No podremos evitar estos fenómenos de la naturaleza, pero podemos hacerlos menos dolorosos.
Hombre precavido vale por dos. Hay que crear una cultura de prevención de desastres para el bienestar de todos.
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