Duarte versus el antihaitianismo populista de los oligarcas

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Tuve una dicha, de una cadena de dichas que me ha acompañado durante más de siete décadas. La dicha de haber asistido a cátedras universitarias para beber de los conocimientos de Francisco Alberto Henríquez Vásquez, Chito.

En una ocasión, Chito Henríquez, subió sus alumnos en una guagua de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), y cargó con su grupo de imberbes hacia la Línea Noroeste para explicarnos in situ parte de la historia de la gesta restauradora de la República. Se sentó con sus alumnos en los linderos del monumento de Capotillo. Y le brillaban los ojos al profesor, cuando hacía memoria para resaltar aquellas historias que refieren la construcción de la Patria Dominicana. Y allí, durante todo el día, habló incluso de la ayuda de los haitianos a los restauradores dominicanos que lograron expulsar del país a los racistas imperiales de España. A puro golpe de machetes y de algunos arcabuces rellenos de perdigones y pólvora. Pólvora facilitada por los haitianos de la misma que facilitaron al Libertador Simón Bolívar que, en su deseo antiesclavista liberador, no quería más españoles imperialistas pisando territorio reclamado por los restauradores herederos de Juan Pablo Duarte.

Era una de las formas de Chito Henríquez para establecer relaciones con los imberbes universitarios. Supongo que sobrevive en la UASD algún vestigio de aquellos profesores con el perfil de docente de Chito Henríquez, quien lo esparcía sacándolo de su mochila de revolucionario antitrujillista de los que vistieron chamacos de milicianos montoneros.

En estos días me encontré en Internet un escrito de la historiadora MuKien Adriana Sang (mi amiga hija de inmigrantes, ella), difundido por el diario Hoy, en el suplemento Areíto, edición del 15 de febrero del 2013), que me revolvió las enseñanzas de Chito Henríquez, sobre el designio de Duarte independentista y los independentistas antimperialistas haitianos (que ha sido la marca de fábrica de estos cohabitantes de la Isla Hispaniola, Isla Saint-Domingue, Isla Domínico-Haitiana…)

Decía concluyentemente MuKien Adriana: “El derecho a la autodeterminación era sagrado en el pensamiento duartiano. Entonces creo, que hoy, en el siglo XXI, el entendimiento entre Haití y la República Dominicana debe convertirse en una tarea urgente, inmediata y seria”. Y lo decía después de haber establecido en su escrito, que: “El Juramento de los Trinitarios -(ese fue el partido clandestino de Duarte, por si acaso los inmigrantes modernos que nos gobiernan no lo han aprendido, que como tal parece, ya que nunca se les escucha siquiera balbucear el nombre de Duarte)- evidencia un pensamiento político claro que revela tres cosas fundamentales:

“1) Que para Duarte lo principal era la independencia de su pueblo, su constitución en una entidad con gobierno propio, como solución de la contradicción básica de opresión Vs. libertad;

“2) Que Duarte era un conocedor de la historia haitiana, tanto como de la dominicana… y finalmente, que

“3) Duarte no odia, sino que admira al pueblo haitiano, actitud que explica la alianza que hicieron los Trinitarios con los haitianos del Movimiento de la Reforma en 1843”.

Pero, que, “Francisco -(Alberto)- Henríquez Vásquez, nuestro historiador dominicano culto y polémico, ofreció una interesante conferencia en febrero de 1992, y abordó el tema del carácter revolucionario del Patricio y su posición con respecto a Haití.  Destaca Henríquez Vásquez que Duarte estaba convencido de que no era posible la fusión entre los dominicanos y haitianos”.

He dicho.

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