China cuestiona sesgo compulsivo medios informativos occidentales

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BEIJING, 18 oct (Xinhua) — Los medios de comunicación occidentales supuestamente afirman ser imparciales y estar orientados a los hechos, pero cuando se trata de China, el impulso de dejar de lado la ética periodística y manipular la verdad es ahora terriblemente obvio.

Durante los últimos meses, algunos medios de comunicación en Occidente han mantenido sus ruidosas máquinas de difamación en marcha. O bien eligen repetir falacias sobre el historial de derechos humanos de China por políticos desconocidos o simplemente inventan historias, como la extraña teoría de la «filtración de laboratorio de Wuhan». El tema del día esta vez es LinkedIn.

A principios de la semana pasada, BBC, The New York Times y el Financial Times, distorsionaron una decisión de LinkedIn y exageraron la «desaparición de (la plataforma en) China» al dar la impresión equivocada de que la compañía decidió abandonar el mercado chino.

Estos medios se quedaron con el huevo en la cara. LinkedIn negó tales afirmaciones en su cuenta oficial de Weibo y calificó los informes de «falsos». Más tarde, el vicepresidente senior de LinkedIn, Mohak Shroff, publicó en línea que «vamos a seguir trabajando con las empresas chinas para ayudar a crear oportunidades económicas».

El incidente de LinkedIn es una prueba más de que los medios de comunicación occidentales, con su influencia global dominante, aprovechan cualquier oportunidad para demonizar a China y engañar a la opinión pública sobre Beijing.

En el caso de LinkedIn, la prensa occidental trata de convencer a los inversores globales de que China es un entorno hostil para las empresas extranjeras. Lo que estos medios de comunicación no se dan cuenta es que China no se convirtió en la segunda economía más grande del mundo al rechazar los negocios extranjeros.

Para gran decepción de estos medios de comunicación, la viciosa campaña de desinformación que intenta crear una cuña entre la inversión extranjera y China se ha quedado corta.

De hecho, la mayoría de las empresas occidentales siguen confiando en la economía china y su mercado cada vez más abierto.

En el anual China Business Report publicado en septiembre por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Shanghai, el 77,9 por ciento de las 338 empresas estadounidenses encuestadas eran «optimistas» o «ligeramente optimistas» de las perspectivas de negocios quinquenales en China, cerca de la cifra del 80 por ciento de 2015 a 2018.

Más del 82 por ciento de los encuestados anticipó mayores ingresos en 2021 que en 2020, siendo las industrias más seguras las farmacéuticas, dispositivos médicos y ciencias, automoción, electrónica no consumidora y fabricantes industriales.

La tendencia parece estar volviéndose en contra de toda esta cobertura negativa.

Más personas en todo el mundo, y algunos periodistas occidentales, están empezando a sentirse indignados y disgustados por esta habitual imagen negativa de China.

Javier García, jefe de la oficina de la española agencia EFE en Beijing, dijo recientemente que pronto dejaría el periodismo, ya «la bochornosa guerra informativa contra China se ha llevado buenas dosis de mi ilusión por este oficio».

En el mundo de hoy día, los países están cada vez más interconectados e interdependientes. Y frente a desafíos globales tan formidables como la pandemia de la COVID-19 y el cambio climático, todos los países necesitan unirse como una sola comunidad si quieren capear estas crisis.

Sin embargo, mientras los medios de comunicación occidentales siguen produciendo y vendiendo mentiras, dañan la confianza y la solidaridad muy necesarias entre las naciones del mundo, mientras estimulan el odio, el caos y la hostilidad.

Muchos artículos de opinión y comentarios sobre China son escritos por personas que nunca han puesto un pie dentro del país. Sin embargo, estas opiniones desinformadas de China tienen una influencia desmedida en el público consumidor de noticias.

La BBC y The New York Times alguna vez disfrutaron de una reputación estelar, pero la cobertura sesgada y engañosa de China ha erosionado seriamente su credibilidad.

Los medios de comunicación occidentales deberían dejar de hablar de los principios periodísticos de imparcialidad y de «solo los hechos» y empezar a informar de la verdad sobre China. Sus lectores merecen algo mejor.

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