Ninguno le hizo caso a Juan Pablo II, Razonando…

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Razonando

Alejandro Espinal

Por Alejandro Espinal

En el año 1998, el Sumo Pontífice, Juan Pablo II, produjo su histórica visita a la más grandes de las islas de las Antillas, por previa invitación en 1996, del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro.

Para la ocasión, el pueblo cubano recibió con entusiasmo a la máxima autoridad de la iglesia católica.

Juan Pablo II, al llegar al aeropuerto, besó la tierra, momento que aprovechó, Fidel Castro, para expresarle, «la tierra que usted acaba de besar, se honra con su presencia».

El pontífice, en su visita pastoral, recorrió la isla y ofició misas en varias ciudades, como Santa Clara, Camagüey y Santiago de Cuba, donde coronó, La Virgen del Cobre, patrona del pueblo cubano.

En la Plaza de la Revolución José Martí, se dirigió a una gran multitud, donde expresó su histórica y famosa exhortación «Que Cuba se abra al mundo con todas sus magníficas posibilidades y que el mundo se abra a Cuba».

Veintitrés años, han pasado, después de la exclamación de aquellas sabías palabras, y todo alrededor de la isla, sigue igual o peor. Ni Cuba, se «abrió al mundo ni el mundo se abrió a Cuba».

La Revolución cubana exhibe fortaleza en educación, salud e innovación, pero no pasa el examen de los derechos humanos y la libertad. Igual con un aislamiento de la comunidad internacional.

Por su lado, Estados Unidos, fuera del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, establecidas por el Presidente, Barack Obama, al final de su último mandato, poco ha cedido en ponerle fin al brutal y criminal embargo comercial. Donald Trump y el actual mandatario, Joe Biden, han apretado más el cerco.

Ha faltado creatividad de ambos lados.

Cuba, sigue estacionaria en abrir las posibilidades a la disidencia política y al libre mercado.

Estados Unidos, cree que poniendo un pueblo a sufrir de medicinas, alimentos y tecnología va a doblegar a un régimen que logró el poder a fuego y sangre.

En espera de que el pueblo se revele y se movilice como lo ha hecho recientemente y que las autoridades lo repriman, para luego caer como «el Chapulín Colorado», encima de cientos de cadáveres que produciría una rebelión.

Cuba y Estados Unidos, deben dejar de jugar al gato y al ratón con el asunto del embargo, y asumir con responsabilidad la situación económica de la isla, por el bien de diez millones de habitantes, porque ni el llamado «Gigante del Norte», es la policía del mundo, ni la revolución socialista es la solución.

Después de sesenta y dos años, haciendo lo mismo, poco ha cambiado.

En la frase del fenecido papá, Juan pablo II, está la solución de Cuba. Tanto ese país, como Estados Unidos y el mundo deben asumirla con sinceridad, «Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba».

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