El engaño de las revoluciones de colores

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Henry Polanco

La revolución es un cambio o transformación radical respecto al pasado inmediato, que se puede producir simultáneamente en distintos ámbitos (social, económico, cultural, religioso,

Los cambios revolucionarios tienen consecuencias trascendentales y suelen percibirse como súbitos y violentos, ya que se trata de una ruptura del orden establecido.

Las revoluciones nacen como consecuencia de procesos históricos y de construcciones colectivas.

La ciencia de la historia establece tres grandes tipos de revoluciones: política, social y económica.

La revolución política es aquella donde se reemplaza al gobierno o incluso se modifica la totalidad del sistema político.

La revolución social, en cambio, es una transformación del conjunto de las relaciones e interacciones sociales cotidianas dentro de un espacio territorial liberado, ya sea una ciudad o un país. Ejemplo la Revolución Francesa y la Revolución Bolcheviques en Rusia,

De esta forma, las revoluciones sociales sí alteran las relaciones de propiedad y trascienden la política y el modo de producción

Por último, la revolución económica es el cambio drástico de las condiciones de producción, distribución y consumo de los bienes y servicios.

El término generalmente se aplica con los cambios tecnológicos, como lo acontecido con la llamada Revolución Industrial,

Ahora tenemos el término de revoluciones de colores, aplicándose a un modelo político que también nació dentro del nuevo orden mundial y sus crisis cíclicas,

El término Revolución de Colores empezó a utilizarse en el mismo momento de la disolución de la Unión Soviética y se aplicó en principio para referirse a los sucesos que acontecieron en algunos de los países de la órbita del Pacto de Varsovia, como en la antigua, Polonia, Yugoslavia, Checoslovaquia, y que posibilitaron la restauración del neoliberalismo capitalista, Consenso de Washington.

Una década después, en plena , Nuevo Orden Mundial hegemonizado por los Estados Unidos, y aliados la Revolución de Colores entró en escena como un pretendido cuerpo teórico analítico con un guion perfectamente establecido para aplicarse en aquellos lugares en los que se preparaba un “cambio de régimen”, porque los gobiernos existentes no eran proclives de manera incondicional al neoliberalismo, al Consenso de Washington ni doblegados políticamente a los dictámenes de Estados Unidos.

En momentos en que era preciso para el hegemon estadounidense subordinar a todos aquellos considerados como remisos a aceptar las condiciones de ese Nuevo Orden se utilizaron dos métodos complementarios: o la guerra abierta como en Irak o la antigua Yugoslavia, o la “transición pacífica” hacia la “democracia occidental capitalista”, como en algunos de los países que surgieron de la implosión de la Unión Soviética y aquí es donde se comenzó a hablar de Revoluciones de Colores.

En algunos casos, como ejemplo Libia, hubo una combinación de los dos procedimientos, algo así como una mixtura entre la guerra abierta y la Revolución de Colores que, de todas maneras, condujo al mismo fin de “cambio de régimen”, destrucción del Estado existente e imposición de marionetas incondicionales a Estados Unidos y a la Unión Europea.

Las llamadas Revoluciones de Colores tienen unas características básicas que se reducen a lo siguiente:

primero, se crea o se aprovecha una oportunidad en un país para imponer a los títeres de Washington, bien generando caos e inestabilidad económica, social y política, o aprovechando condiciones reales de descontento que puedan existir entre importantes sectores de la población hacia un gobierno determinado, so pretexto de defender los derechos humanos;

segundo, esa inestabilidad aparece como una “genuina” búsqueda de democracia al estilo occidental por ciertos sectores de las clase media y de las élites pro occidentales y, por lo general, se presenta en períodos electorales o poselectorales, cuando los candidatos de Washington no tienen oportunidades en las urnas y se ambienta la noticia de fraudes electorales, para generar una movilización hacia los parlamentos o las sedes presidenciales, se generan manifestaciones y disturbios que, en algunos casos, han terminado en forma exitosa para sus organizadores, han logrado el derrocamiento de los gobiernos existentes y han impuesto a sus lacayos.

Otro de los mejores ejemplos, más no el único, es el de Ucrania, donde no en una, sino en dos ocasiones se han realizado Revoluciones de Colores (en 2004 y en 2014); tercero, las “revoluciones de colores” se presentan como movilizaciones democráticas y espontáneas de la “sociedad civil”, pero tras las mismas se encuentra un poderoso aparato financiero y propagandístico Made in USA, donde intervienen varios sectores:ONG de derechos humanos o con caretas similares, financiadas directamente desde Estados Unidos por la USAID (Agencia Internacional para el Desarrollo de los Estados Unidos) y la NED (Fundación Nacional para la Democracia) y son las encargadas de aceitar los engranajes internos para adelantar las acciones contra el “régimen establecido.

Estas ONG preparan con antelación, a veces de muchos años, a sus cuadros con talleres, cursos, becas, estudios universitarios en Estados Unidos o en algún país de Europa (principalmente en Serbia, que se convirtió en el centro ideológico y “educativo” de la Revolución de Colores), en donde les enseñan los métodos “legales” de desestabilización y de movilización.

Gran parte de estas ONG también son financiadas por la Fundación Soros con su pretendida “Sociedad Abierta”. A la par de la careta pacifista, se preparan a esos mismos o a otros cuadros en técnicos de saboteo y de terrorismo para proceder en forma violenta a desestabilizar a un gobierno determinado y para facilitar el ingreso triunfal de los “pacíficos” opositores democráticos, mediante la desmovilización de las fuerzas del gobierno que se quiere derrocar o para obligarlos a responder con violencia contra los provocadores, quienes a raíz de esa represión se muestran como unas mansas paloma y víctimas desarmadas que han sido brutalmente reprimidos, con lo cual se justifica ante los ojos del mundo las acciones desestabilizadoras como perfectamente validas y legítimas.

Y esto viene acompañado de una andanada desinformativa y mentirosa de propaganda de la “prensa libre” en Occidente, en la cual se crean la imagen de los “monstruos” a los que es necesario destruir y de los “valerosos” líderes que encarnan los ideales de libertad y democracia que representa Occidente y los Estados Unidos en particular. CNN, New York Times, encabezan la acción de propaganda, en donde en forma maniquea se habla de los “malos” (aquellos que no se inclinan ante los Estados Unidos) y de los “héroes de la libertad”, representados por todos los Juan Guaidó que en el mundo existan o se fabriquen, o los pacifistas Bolivianos que derrocaron a Evo Morales.

Las revoluciones de colores exhiben una parafernalia simbólica de ahí el nombre colorido que muestra banderas de identificación, himnos, consignas, escritos breves, manifiestos, llamados que pretenden darles un aire de reivindicación democrática, pacífica pluralista y no ideológica, pero detrás de las cuales se mueven bandas paramilitares de asesinos y sicarios, bien armados, que son la fuerza de choque que convencen a los incrédulos de las bondades de la libertad y democracia al estilo estadounidense y, luego, si triunfa la revolución de colores se encargan de perseguir, torturar y matar a quienes defiendan al gobierno defenestrado, como hace un año quedó en evidenciado en Bolivia.

Hasta ahora este guion se había aplicado fuera de los Estados Unidos en varios continentes: en Europa, en las antiguas zonas de influencia soviética; en Asía, también en exrepúblicas soviéticas; en América Latina, en países como Bolivia y Venezuela.

Hace exactamente dos (2) años después de una acción de inescruposas y malignas acciones desestabilizadoras quisieron imponer un un Gobierno paralelo en Venezuela y una marcada guerra abierta entre los chavistas, contra los opositores venezolanos, encabezados por los lacayos de la Asamblea Nacional de ese país,
Sin embargo el Bumerán se volvió y se coló en Estados Unidos, con sus propios modelos electoral desfasados y obsoletos, y descriminatorios, los soldados de QaNon, se sublevaron en el corazón y simbolo de la democracia, el Capitolio, haciendo un escenario pintoresco de la realidad política imperialista de los Estados Unidos,

Y hoy Venezuela libre y vencedora frente al pueblo, les dices, quien violó los derechos humanos,

 

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