Dos periodistas en contraste

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Oscar López Reyes

En la niñez, la infancia y la adolescencia, el futuro periodista, hombre o mujer, ve, escucha y siente, en el desarrollo primigenio de su psiquis y la caracterología de su personalidad. Y, en su contexto intergrupal o ambiente cognitivo percibe, codifica y construye sus representaciones o cosmovisión, sus valores y su conciencia.

El prevaleciente círculo/entorno histórico-social condiciona la exteriorización de sus percepciones, sensaciones e ideas, que se vierten en un hontanar dialéctico: individualidad-colectividad, egocéntrico-altruista, introvertido-extrovertido, cuerpo-alma, consistente-frágil, dicha-fatalidad, viejo-nuevo, paz-violencia, objetividad-subjetividad, bien-mal, verdad-mentira, interno-externo, teoría-práctica, litigio-avenencia y conservador-aguerrido.

En el argumento concernido, privilegiemos, para no ser abigarrados en el despliegue espacial de esa heterogeneidad, el apareamiento conservador-aguerrido.

EL ULTRACONSERVADOR. Cuidadoso hasta en las miradas y sumiso en su temperamento tímido, el periodista de esa estirpe rumea, huidizo, en comarcas y terrazas rectilíneas y torcidas.

Antes de escribir se preocupa en demasía y prefiere decir las noticias buenas, y elogiar cosas y a personeros fantoches. No formula denuncias ni cuestiona críticamente para no disgustar ni ofender a las élites de poder, ni a relacionados. Este superprudente rehuye a los riesgos, a pulular con el estómago medio-vacío y luchar por la justicia, la libertad y la democracia. Y vaga espantadizo cuando piensa en la muerte.

Este periodista cadencia resignado con un zíper en la boca, y habla bajito, porque teme perder el empleo, que el gobierno cancele a un hijo, hermano o primo; que funcionarios oficiales o empresarios no le pauten publicidad, o que Estados Unidos no le otorgue o le quite la visa. Se ausenta de las actividades gremiales para evitar conflictos y no ser calientaplatos o pivote de rivalidades  con sus compañeros.

Por su pesimismo añejo y monótono, con la expresión de que el panorama situacional no va a cambiar, porque siempre han sido así; la cuasi indiferencia y la cautela en su jerga autocensurable, y su sobrecogimiento sin malicia, como periodista no es conocido ni por sus vecinos, y pasa desapercibido en calles y ceremonias públicas y privadas. No deja legado alguno.

EL AGUERRIDO. La periodista enarbola, valiente y pertinaz en su pensamiento severamente crítico, la verdad como su amigo único. La autenticidad y la exactitud le palanquean en los suburbios marginados, en las barriadas de capas medias, en los valles de clase alta y en los palacios oficiales. La verdad ondula en el mazo de la razón y el derecho, comprometida libremente con la justicia social.

 La de esta prosapia investiga, subida en un caballo, en una yola y en un avión, para redactar informaciones denunciativas y formalizar comentarios mordaces. Desnuda, verticalmente, las descomposiciones más lacerantes, y también pondera, exalta y aplaude obras y proyectos virtuosos y productivos comunitariamente.

Dinámica, audaz y constante, no se intimida por las contraacusaciones, las amenazas, las persecuciones ni cuando se alinea en el trecho para viajar hacia la órbita más enigmática.  Sabe perfectamente que fabrica unos cuantos enemigos repulsivos, y muchos amigos, encasillada en su filosofía existencial, que engloba las funciones deontológicas (ciencia de los deberes y principios) y teleológicas (desenlace de las actuaciones).

 Las espadas retadoras de amplia difusión y  proyección tejen un mosaico que se empina en cinco enramadas: 1) Cumplen una responsabilidad societaria; 2) Realizan  una misión en abono a grupos de personas, a entidades públicas y privadas, y el gobierno; 3) Acaparan una alta audiencia y atraen el más voluminoso presupuesto publicitario, que se deriva en un sustancial soporte financiero; 4) Logran una crecida credibilidad y prestancia colectiva,  admiración, solidaridad y  reconocimiento, y 5) Son invitadas a dictar conferencias, seminarios y congresos, e integradas a consejos oficiales y juntas directivas organizacionales.

¿Cuál prodiga más utilidad para la sociedad y para el propio periodista?, y ¿cuál usted selecciona, al ultraconservador o a la aguerrida?

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