El Presidente que el país requiere

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Oscar López Reyes

En los años post a ese cisne negro denominado Covid-19, que estarán silueteados por las hojarascas de la contracción o recesión macro-financiera, reinarán las ciencias económicas, y conducirá con tino y holgura a la Nación el Presidente de la República con más escrúpulos e instrucción superior en esa disciplina y que, paralelamente, se rodee de profesionales del área competentes y agudos,  y que generen confianza en los actores  productivos y los inversionistas.

Garantiza yugular la colisión emanada de la sacudida del inoculante pandemónium, frenar el ancestral dispendio y reactivar las actividades industriales, comerciales y servicios,  un jefe de Estado con pleno dominio –no que lo enreden- de la economía. Esa primacía (ventaja competitiva) le posibilitan conjugar con más lucidez, desde su escritorio,  las variables exportaciones-importaciones, gasto público-ingresos (fiscales, turismo, remesas, préstamos) endeudamiento-estabilidad cambiaria, reforma fiscal-justicia social (privilegios versus arbitrariedades) y empleo-bienestar colectivo.

Por su formación de economista versado en políticas públicas y  en gerencia de proyectos, así como legatario paterno en los ámbitos fiscales, financieros y monetarios; sus experiencias en unidades productivas, por su dinámica juventud y su renovada y amplia propuesta de gobierno, confío y nos convence para depositarle el voto  Luis Rodolfo Abinader. Su programa se vierte harto prometedor para sacar el país a flote en este convulso lance de “El gran confinamiento” o calamidad tripartita: sanitaria, ecológica y económica.

¿Qué propone para evitar el colapso financiero de la Nación y su recuperación en la  economía post-pandemia de este nuevo ciclo multipolar?

Abinader y  planificadores multisectoriales e interdisciplinarios han diseñado un programa de políticas públicas integrales y reformas estructurales para forjar un acogedor clima de negocios y remontar la productividad y las exportaciones, en la mira  del crecimiento macroeconómico con desarrollo. Redondean como prioridad  eficientizar el gasto público, crear 600 mil empleos directos y modificar la montura salarial, a fin de empequeñecer la pobreza y la desigualdad.

Para lograr este objetivo, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) levanta como premisas la ética del poder, en el carruaje de la transparencia y la inclusividad, para diezmar la corrupción y la impunidad. Diez pilares, a ser ejecutados por un equipo económico experimentado y no maleado, copan mis agujeros visuales:   

1.- LAS MIPYMES: Promover el microemprendimiento en las comunidades, con alianzas entre las esferas públicas y privadas con disminución de la informalidad; la formalización, el acceso al financiamiento y el asociacionismo de las pequeñas y medianas empresas.

2.- LA FRONTERA: Ejecutar un plan de inversión masiva en la zona fronteriza, con infraestructura de desarrollo, y establecer un sistema de cuotas migratorias para fortalecer la inclusión laboral de la mano de obra nacional y la gobernanza migratoria.

3.- DESARROLLO LOCAL.- Ampliar la presencia oficial y las inversiones en las provincias, y robustecer los servicios municipales, en los lineamientos de una política nacional de desarrollo local y territorialmente equitativo.  

4.- INVERSION FORANEA: Expandir la inversión extranjera, con la innovación de zonas francas rurales.

5.- EL COOPERATIVISMO: Fomentar la asociatividad económica en este ámbito, y  crear el Banco Cooperativo y la Superintendencia de Cooperativas.

6.- LAS EXPORTACIONES: Extender la ventanilla única para las exportaciones y reducir la burocracia en esta franja generadora de divisas.

7.- NUEVO TURISMO: Diversificar las ofertas turísticas, como la ecológica, cultural, de salud, gastronómica, negocios y educativa.

8.- COMERCIO ELECTRONICO: Incentivar las tecnologías digitales emergentes, para simplificar los procesos gerenciales y fortificar  la demanda de trabajo, mediante el comercio electrónico y el teletrabajo.

9.- LOS TRIBUTOS: Equilibrar el ITBIS, abreviar las normas burocráticas de la DGII y eliminar gradualmente el anticipo, en el marco de la flexibilización de un Pacto Fiscal a fin de aumentar las recaudaciones.

10.- SECTOR ELECTRICO: Mejorar la moldura jurídica y la calidad de la transmisión, distribución y comercialización, hacia una Nación sin apagones y tarifas sensatas, y estimular la energía térmica y renovable.

Para la eficacia de los coeficientes de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, se suplica un cambio de modelo económico, que prevalezca sobre las andas políticas parasitarias. Habrá que instaurar una concertada “economía social”, que amorgue  la  prevaleciente y deshumanizada “economía de mercado”, ahora galvanizada por  la emergente “economía de guerra”.

Más que paliar con parches en la temporalidad, lo más recomendable sería aprovechar la coyuntura para impulsar reformas macroeconómicas generales, como la  tributaria, para reducir  privilegios, sobrellevar a la clase media y salvar a las destrozadas medianas y pequeñas empresas.  

Para ejecutar las nuevas políticas públicas en el diálogo por la unidad nacional, a fin de remontar la economía, lo más lógico e ineludible sería romper el círculo vicioso del continuismo, que permita descubrir fallas y entuertos, abatir el cansancio de funcionarios con hasta 20 años manipulando instituciones, e inyectar nuevas energías en el itinerario de comenzar a duchar el crecimiento del PIB con el desarrollo sostenible.   

En este universo baldosado por la complejidad, la especialización (ahora hiper-especialización), campea como un plus reparador, porque el diestro con sus teorías doctrinarias obra como gestor y con sus habilidades operativiza sus amplios conocimientos. Un economista austero, receloso y sin subterfugios como Presidente de la República aporta soluciones y allana el camino en el derrotero del susodicho desarrollo. Bien lo apostilló el periodista y pensador español José Ortega y Gasset: “sin unos cuantos economistas no haremos absolutamente nada; con ellos lo haremos todo…”.

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