Argumentos soterrados

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Rafael Peralta Romero

En toda novela se narra más de una historia. Junto a la principal se vierten otras historias que les sirven de afluentes, pues desembocan en la historia central. Contribuyen al desarrollo de la trama, la engrosan y fortalecen. Esta afluencia será o más o menos pertinente según el volumen que el autor haya concebido para su obra.

Hay un propósito secreto en toda novela. Unos hechos se cuenten a puertas abiertas, otros se dejan ver a medias con la puerta entrejunta. Esta situación a veces obedece a necesidades muy personales del autor y también a temores. Es el argumento soterrado, el cual se cuenta a medias, sobre todo si toca a personas reales.

Puede, incluso, ocurrir por un acto no plenamente consciente, que quien escribe introduzca asuntos que generalmente descubren los críticos. Alusiones a hechos y personas reales, introducción de elementos simbólicos cuya descodificación no está al alcance de todos los lectores. El misterio es en esto componente esencial.

El novelista toma hechos de la realidad a los que agrega detalles de ficción, pero hay algo en el autor que el filólogo Bruno Rosario Candelier llama “apelación profunda”, que se basa en lo que mueve al novelista a escribir. Un hecho, una expresión o una anécdota podrían desatar el ímpetu creativo y así se germina la obra.

Aunque los hechos sean reales, el novelista vierte su percepción del mundo e intercala elementos que no siempre ve el lector. El narrador traspasa sus obsesiones, preocupaciones y experiencias de infancia. Incluye generalmente situaciones muy personales, recuerdos muy recónditos que son experiencias únicas.
Es verdad irrefutable que el novelista hace o puede hacer suma de experiencias para atribuir a un personaje hechos y actitudes que lo caracterizarán, por lo que en esa caracterización puede concurrir más de un arquetipo. Estos son los modelos, de la vida real, que influyen en el narrador para constituir sus caracteres.

Sélvido Candelaria, novelista y ensayista, explica en un ensayo la relación entre la vida del autor y la temática de la obra. A propósito de la novela “Tiempo para héroes”, afirma que: “…es la biografía clandestina de Manuel Salvador Gautier que por timidez, por indecisión, por compulsión o por todas esas razones y otras más, no pudo o no se atrevió a participar en la epopeya que narra”. (Un instante de certidumbre, p. 82).

Todo novelista tiene algo que guardar. Si la obra abordara la temática erótica, mucho más. Por igual, lo político sugiere, en ocasiones, la recurrencia a narrar obviando detalles que tiendan a identificar personas y acciones. Es lo que llamamos argumentos soterrados. Cada autor sabrá cuando conviene emplearlos.

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