Estados Unidos, infame y sin potestad para avasallar

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Oscar López Reyes   

Sortijan escalofríos e irritan las más sensibles fibras patrióticas contemplar cómo embajadores y encargados de negocios de Estados Unidos vejan la dignidad de los dominicanos, preciándose dioses del olímpo y de la perfección. Cuando ellos y los magnates de ese imperio se extingan físicamente, media humanidad anhelará que sean enterrados con las manos y los cabellos hacia afuera de las tumbas. ¿Para qué….?

Paralelo a que no se percata de que ya no laya como una nación paradigmática, ni está investida de calidad moral para dictar recetas -como sociedad grieta como un puro desastre-, el comportamiento de Estados Unidos indigesta y ha desencadenado el encono nacional.

Por primera vez en las últimas décadas, en el arca de su falaz comunicado de “alerta” sobre la migración, las más heterogéneas esferas dominicanas, incluidos ultraconservadores y grupos de poder económico, han soliviantado el orgullo nacionalista en defensa de la soberanía y el derecho a la autodeterminación.

La insolencia de los norteamericanos ha tenido su mayúsculo visaje en el embajador homosexual James (Wally) Brewster Jr. (23 de noviembre de 2013 a 20 de enero de 2017), quien visitaba escuelas y colegios, e imprudentemente a los niños les presentaba -pisoteando los valores tradicionales y la Constitución- a su “esposo”, Bob Satawake. Los dos se bañaban en la piscina de la legación diplomática junto a iguales nativos, todos desnudos, y usted puede comprobarlo en una fotografía de diariolibre.com/amp/actualidad/embajador-de.ee.uu.repblica-dominicana-celebra-mes-de-la igualdad.

Semejantemente, y sin que ninguna autoridad oficial lo jalara a capítulo, grotescamente penetraba a despachos gubernamentales, sin agotar los trámites establecidos en el protocolo del servicio exterior. ¡Cuánta cobardía, Danilo!

Hace unos meses, el encargado de negocios de Estados Unidos, Robert Thomas, en presencia del presidente Luis Abinader Corona reprochó al país -cual gobernador de una colonia- el incremento de la corrupción. Y en estos días -9 de noviembre de 2022-, la embajada gringa alegó que las autoridades no han respetado el estatus legal de los indocumentados de ascendencia haitiana, y prohibió la entrada a su territorio de azúcar del Central Romana, por supuestos trabajos forzosos.

En su prepotencia injerencista y chantajista, amparado en su influencia económico-financiera, el Tío Sam y sus organismos satélites presionan para que aceptemos campamentos de refugiados haitianos -millones de ellos se asentarían de este lado de la línea divisoria, con todos los derechos del mundo-, y detengamos las repatriaciones de ilegales, cuando -en lo que va de año- el presidente Joe Biden ha expulsado de su comarca a más de 21 mil haitianos, incluidos a niños no acompañados, y mujeres.

La USA, Canadá, Francia, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la ONU actúan en un conciliábulo anti-dominicano. En 1947, este último organismo sugirió que los haitianos emigraran masivamente a la República Dominicana, y en el siglo XXI el gobierno del Occidente de la isla determinó que por lo menos 200 mil de sus nativos salgan cada año de su país, para desactivar su explosivo cuadro socio-económico y demográfico.

Con los ojos como un mime, y sin saber que la República Dominicana no es como el pez globo, que se infla para poder sobrevivir, en el 2014 el entonces secretario general de la ONU, Ban-Ki-Moon, solicitó a nuestro país que le conceda la nacionalidad dominicana a todo aquel que diga que nació en el terruño de Duarte, Sánchez, Mella, Luperón, Manolo Tavares y Francis Caamaño. Las potencias y organismos citados se unen en el esfuerzo por crear un Estado binacional, por lo cual los haitianos nos invaden pacíficamente y arrabalizan ciudades dominicanas.

El pez globo cuando se siente amenazado, engulle agua hasta convertirse en una pelota, y cuando es sacado del agua se infla y sobrevive tragando aire, pero nuestro país no reúne las condiciones para fungir como el citado animal acuático: no tiene capacidad para producir el doble de los alimentos, de los puestos de trabajo, los servicios de hospitales, escuelas ni el doble de muchas otras cosas.

Aunque el pez globo puede ser convertido en una lámpara bombilla, aún así un plato de ese alimento es de alto peligro, en virtud de que se vuelve un veneno mortal llamado tetrodotoxina. Y sabemos que todo lo que se satura o jeringa convulsiona, se distorsiona o explosiona, dejando cadáveres por doquiera.

Si se acepta como dominicano a todo el que diga que abrió los ojos en esta demarcación geográfica y a los delincuentes fugados de las cárceles haitianas, los lindantes seguirán viniendo en masas. Si no se continúa repatriándolos, encadenando la frontera, multando a los empresarios que emplean mano de obra ilegal, sancionando drásticamente a los militares corruptos apostados en la zona limítrofe y reprendiendo a mediocres, cobardes y otros sujetos sin dignidad ni orgullo patrio, muy pronto asistiremos al sepelio de la República Dominicana.

El presidente Abinader ha asumido una postura consistente y con decoro, y tenemos que respaldarlo para que tome nuevos aires e impulsos ante la áspera y provocadora ofensiva de superpoderes monocráticos para que la República Dominicana no ejerza su autogobierno. Estamos conscientes de que -si cede- fomentará nuevas invasiones y la disolución de la identidad nacional, porque dentro de poco no podremos diferenciar entre un dominicano y un haitiano.

Guardando en el bolsillo el fanatismo partidario en un papelito triturado, fueron clarinadas valiosas la postura sobre la identidad y la soberanía nacional, y sus advertencias frente a los gringos y los haitianos, de los ex presidentes Joaquín Balaguer y Juan Bosch. Y últimamente han vanguardizado esa custodia Vincho Castillo, sus hijos y aliados; el Tribunal Constitucional y su presidente Milton Ray Guevara, que han sentado jurisprudencia auténticamente nacionalista, y el Instituto Duartiano y su presidente Wilson Gómez Ramírez, la voz más resonante en las plazas públicas.

EUA carece de decencia y potestad para trazar pautas, y menos para sancionar a otras naciones y empresas, porque ha quedado al desnudo ante el mundo: vive enjuiciando y dictando recetas, pero resulta que esa nación tiene que autoanalizarse y acoger las recetas de sus “vasallos” para que rectifique y no siga creyéndose omnipotencia.

Estados Unidos no puede seguir siendo el paradigma de los dominicanos y latinoamericanos, porque en materia de cultura, chocha como un desastre, y basta señalar las drogas, porque es el mayor consumidor de drogas del globo terráqueo; en infraestructura ha revelado que la mayoría de sus puentes pueden derrumbarse, y es bien conocido su mal manejo de los mercados hipotecarios y financieros.

Este imperio que desde 1775 ha intervenido militarmente en más de 100 países de todos los continentes -y que ya no gana guerras- fracasa en su política exterior y con sus organismos de inteligencia, y ve incrementar su deuda externa, el racismo, la corrupción, las matanzas masivas por enajenados y resentidos, el caos escolar, las enfermedades de transmisión sexual y han sacado la peor nota en el manejo de la Covid-19, afectando a naciones empobrecidas.

Todos estos tropiezos y apuros son una nueva demostración de los perjuicios del neoliberalismo, que refleja incapacidad para autorregularse, en vista de la conducta insaciable de quienes hacen negocios y buscan ganancias a cualquier precio en la acumulación de capitales.

Los últimos pronunciamientos del ineficiente presidente Joe Biden reprochando el neoliberalismo, aunque no el intervencionismo liberal, nos indican que la especulación en las bolsas de valores y el libre movimiento de valores de capitales por los grandes consorcios financieros y pequeños bancos sintetiza el desastre financiero de los yanquis, que afecta a millones de habitantes de países subdesarrollados, en una globalización de las finanzas prácticamente sin fiscalización gubernamental.

Estos son los agentes de ojos azules que, envanecidos en su dominio económico y en el torbellino del descalabro de la sociedad norteamericana, acelerado por los chascos de sus últimos jefes de Estado Bill Clinton, George W. Busch, Barack Obama y Donald Trump, estrechan el control de su frontera, pero coaccionan e intiman al gobierno dominicano para que abra la suya de par en par, para así librarse de lo que definiría como “malum folium” (mala hoja o rebollo). ¡Qué bien!, ¡Abusadores, COÑO!.

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