De la experiencia urbana a una total conexión con la naturaleza

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Para ser testigo de uno de los fenómenos más asombrosos del planeta es necesario adentrarse en Canadá, en un lugar remoto que muestra la naturaleza de una manera espectacular. La travesía incluye pisar al menos dos aeropuertos, ¿por qué no aprovechar el camino y tener lo mejor de la experiencia canadiense? Una opción es volar desde la Ciudad de México a Vancouver, para después viajar a Yellowknife.

La ciudad de Vancouver, además de ser la puerta de entrada a la Columbia Británica es una de las principales urbes canadienses. Es mundialmente reconocida por ser un lugar sofisticado con una sorprendente accesibilidad a la naturaleza y por tener uno de los mejores climas del país, incluso en invierno. Este lugar atrae a viajeros de todo el mundo por su belleza y combinación del paisaje urbano y montañas.

Dentro de las actividades que ningún viajero se debe perder al visitar Vancouver, se encuentran caminar o rodar en bicicleta por Stanley Park que ofrece vistas increíbles del océano y de la ciudad, allí mismo se puede visitar el reconocido Acuario de Vancouver; recorrer Granville Island para perderse entre sus locales haciendo shopping, disfrutar de algún evento cultural o probar algún platillo hecho con productos locales; comprar en algunas de las boutiques con las marcas más conocidas y locales en Robson Street; y degustar la gastronomía de la región en el restaurante Blue Water Cafe, que ofrece un amplio menú con productos del mar que se obtienen de manera sustentable.

Además, en esta ciudad encontrarás las opciones más exclusivas de alojamiento, algunos de los hoteles son el glamuroso Fairmont Pacific Rim que se ubica frente al océano, el Shangri-La que te encantará con su decoración inspirada en Asia y el Skwachàys Lodge, el primer hotel boutique aborigen de Canadá.

Después de un par de días de ciudad en Vancouver es momento de volar a Yellowknife, en los Territorios del Noroeste, que es conocida por ser la capital mundial de las auroras boreales, capital norteamericana de los diamantes, ¡y sí, también por el frío!

Debido a su ubicación privilegiada bajo el óvalo auroral, con baja humedad y cielos despejados, este lugar es el mejor del mundo para ver auroras boreales, entre los meses de noviembre y abril los viajeros tienen el 98% de probabilidad de ver las espectaculares auroras. Por si fuera poco, esta región canadiense es la principal productora de diamantes en Canadá. En el Diamond Centre conocerás más sobre estas piedras preciosas, incluso podrás comprar un diamante, ¡sin duda un souvenir diferente y único! Y como no podemos dejar de hablar del frío, en este destino se llegan a sentir temperaturas de -30 grados centígrados en invierno, ¡pero no te preocupes! Todos los lugares están acondicionados para el clima y los proveedores de servicios locales se asegurarán de que cuentes con el equipo necesario para esta experiencia.

Este territorio canadiense ofrece una cantidad ilimitada de experiencias auténticas a viajeros que difícilmente se dejan sorprender. Imagínate comenzar el día recorriendo los senderos del bosque en un trineo jalado por perros, o hacer una caminata con raquetas en la nieve rodeado de asombrosos paisajes invernales. En la noche disfrutar de una cena gourmet de tres tiempos con costilla de bisonte ahumada asada a fuego lento o con pescado blanco del lago Great Slave en un tipi privado en Aurora Village, ¡una verdadera cena a la luz de las auroras! Si te quieres alejar un poco, podrás volar en una avioneta desde Yellowknife para ir a Blachford Lake Lodge, allí encontrarás un oasis rústico con cabañas y varias actividades invernales como patinar en hielo en el lago y subirte a una motonieve para explorar el inmenso paisaje. Para descansar te podrás sumergir en un cálido jacuzzi desde el que verás las auroras. Si eres un viajero más aventurero, a dos horas en vuelo desde Yellowknife podrás ser testigo del desplazamiento de una gran manada de 3,000 renos, para después convivir con la comunidad Inuvik de las Primeras Naciones a través de juegos, bailes, cantos y comida. Finalmente, al caer la noche ¡qué te parece dormir en un iglú construido por ti mismo!

En este viaje podrás vivir dos experiencias completamente diferentes entre ellas. Por un lado, recorrer la sofisticada ciudad de Vancouver y por el otro, adentrarte en la remota naturaleza de Yellowknife.

Fotografías: Adam Pisani

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