Nuevos valores de principios neoliberales en la democracia moderna

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Henry Polanco

El triunfo del neoliberalismo, vinculado a la globalización transnacional luego del derrumbe del socialismo en la URSS y en Europa del Este, sirvió para consagrar el supuesto “fin de la historia”, idea originada en un libro de Francis Fukuyama (El fin de la historia y el último hombre, 1992), quien sostuvo que la economía de libre mercado y la democracia de tipo occidental solo tenían un prominente horizonte de desarrollo y crecimiento hacia el futuro, abrirse al gran mercado global de libertad y democracia

La derecha académica de América Latina se apropió de la idea y en adelante, tanto el marxismo, como los marxistas y la utopía socialista fueron acusados de caducos y entendidos como piezas de la antigüedad, reducidas a círculos de fanáticos, que habían dejado de comprender el nuevo mundo.

Había llegado el momento de saludar al capital y rendirse a sus pies. Las economías latinoamericanas debían volverse “competitivas” y “abrirse al mundo” mediante la “modernización”, reducida a las consignas idealizadas por las oligarquías y burguesías internas que, en definitiva, clamaban por paralizar las inversiones públicas, achicar presupuestos, privatizar bienes y servicios públicos, canalizar los recursos financieros del Estado al servicio del sector privado,

Además, se debían aflojar los sistemas de impuestos y dejar “libres” a los mercados y las empresas, campeonas en saber cómo se crea empleo y, sobre todo, riqueza.

No había que descuidar la necesaria “flexibilización” del trabajo, porque de lo contrario los inversionistas carecerían de estímulos y, además, afectarían sus rentabilidades.

Tampoco importaba el medio ambiente, al momento de explotar recursos para la acumulación interna o externa, todos estos nuevos valores, eran la democracia ideal de la prosperidad y así el fin de los déficits fiscales, y de los gastos sociales sin regresos del capital.

Quienes reaccionaron contra semejante pobreza de conceptos y valores, a fin de reivindicar la democracia, la justicia, la soberanía, la dignidad de los pueblos, el sentido patriótico, la lucha antimperialista, el deseo por sociedades equitativas o la defensa del medio ambiente, entre tantos otros aspectos de profunda raíz social, fueron atacados o considerados como “dinosaurios” de la vida política o de la reflexión en las ciencias sociales.

Ejemplo en Ecuador, Colombia, Uruguay,  y Chile, entre otros, durante las décadas finales del siglo XX y al compás de su consolidación neoliberal, se llegaba a reproducir frases tendientes a la descalificación de los ideales superiores de la humanidad, como “con la soberanía no se produce”, o también: “con la dignidad no se come”.

Ya que el “éxito” pasó a ser medido solo en términos de riqueza, se dejó de explicar la pobreza por sus raíces históricas y estructurales, porque salir de ella simplemente dependía del triunfo individual, de modo que todo pobre lo era porque no sabía ser “emprendedor” y trabajar decisivamente para acumular y volverse rico.

Igual los subempleados o los desempleados: no eran personas capaces de “buscar” cualquier empleo para salir de su situación que, supuestamente, los “socialistas” querían solucionar “quitando a los ricos para dar a los pobres”, lo cual resultaba una fórmula totalmente inaceptable.

Los recursos del Estado tampoco debían malgastarse en bonos, subsidios a los sectores populares o seguridad social pública, porque lo que se requería es dar “dignidad” a la gente, “enseñándole a pescar” y no manteniéndole ociosa con el “pescado” público.

Y las frases con semejante tono de arrogancia y prepotencia de la elite triunfante con el neoliberalismo bien pudieron multiplicarse en cada país.

Al menos un rasgo más “académico” lo proporcionó el economista peruano Hernando de Soto en su libro El otro sendero (1986), para quien el sector informal latinoamericano, al carecer de derechos de propiedad, no se integra a la economía y la pobreza crece, por lo cual hay que “formalizar” al sector y colocarlo dentro de los emprendedores.

Hoy luego del fracaso que presenta todas estas tesis teóricas del desacertado modelo democrático neoliberal.  República Dominicana; vive hoy un acuñamiento de los conceptos y políticas de degradación económica y de faltas de valoración social, ahora se busca incentivar los emprendedores del nuevo gobierno, y los negocios con alianza pública privada, para reducir los gastos, y supuestamente superar los déficits económicos, y rescatar la nueva economía perremeistas, que parece muy destartaladas en promesas realizadas y no comenzadas

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