«Murió en su cama, como un angelito»

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Ramón De Luna

Ramón De Luna

No obstante el número de asesinatos que tuvo en su haber, el General murió en su cama, algo que no debió ser.

Enrique Pérez y Pérez, quien militara por largos años en el ejército dominicano y luego en la jefatura de la policía nacional, falleció el viernes pasado padeciendo una grave enfermedad que finalmente lo ha llevado a la tumba.

El Ministerio de Defensa ha hecho una publicación en dónde resalta presuntos méritos de ese hombre, quien, si en algo se destacó, fue por sus instintos criminales. Fue el cerebro creador de la «Banda Colorá», equipo de matones, de verdaderos sicarios del régimen balaguerista y uno de los artífices de la operación limpieza en la zona norte de Santo Domingo cuando la guerra de Abril.

Fue incapaz de hacerle frente al ejército norteamericano como lo hicieron el coronel Rafael Fernández Domínguez, Montes Arache, Francisco Alberto Caamaño Deño y otros bravos soldados de la patria que presentaron sus pechos ante las balas de militares traidores y de la soldadesca invasora.

La historia está ahí, fría, permanente y reveladora. Los sicarios liderados por Pérez y Pérez, Milo Jiménez, Beauchamp Javier y otros, recorrían de noche los barrios de Santo Domingo cercenando las vidas de decenas de jóvenes y regando sus cadáveres por doquier.

Fue tal del escándalo creado por el tétrico grupo de la Banda Colorá, que provocó la condena de grupos mundiales que luchan por la paz del planeta, por lo que Balaguer se vio precisado a sacar a Pérez y Pérez del mando policial, pero ya el mal estaba hecho y había sido con su aprobación.

No, Pérez y Pérez no mereció elogios por su nefasto paso por las Fuerzas Armadas del país, ni mereció morir en la cama como un ciudadano cualquiera. No con ese nefasto historial de crímenes y abusos.

Un historial propio de los militares trujillistas, que se ensañaron contra el pueblo del cual procedían. Lucía el pecho lleno de medallas y condecoraciones que no había ganado en batallas, sino por los horrendos crímenes que llegó a cometer.

Si es verdad que existe el infierno, allá ha ido a parar su osamenta.

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