El trabajo de las teorías conspiradoras en pleno siglo

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Por Henry Polanco

El comportamiento de las masas abarca tres áreas fundamentales:

La naturaleza social de los individuos. El comportamiento de las personas viene marcado por sus genes biológicos y su costumbre cultural.

La conducta de los seres humanos viene influenciada por el contagio que adquieren de los demás grupos colectivos, en este aspecto vienen basados las famosas teorías de la conspiración moderna y que en medio de la pandemia son muy interesante, debido al manejo que los sectores de poder suelen manejar la crisis sin que está salga de su control.

Todo poder es una conspiración permanente.” decía el novelista Francés: Honoré de Balzac “Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar.

Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre.” frases también del novelista  Británico. Aldous Huxley

“El peligro mayor al que nos enfrentamos no es que las cosas «se queden como estaban», sino que vayan a bastante peor, es una preocupación que  se vierte en las opiniones de los medios disuasivo de comunicación.

Pese a que se hable hasta el cansancio de “democracia” (palabra manoseada que da para todo.

Sirve para invadir países, asesinar impunemente, torturar, mentir, manipular), lo que menos hacen “los pueblos” es justamente eso, así como ser Cristiano en los Siglos  XV y XVI, era un premio para colonizar y hasta desaparecer los indígenas o inconversos, La palabra Democracia decide en boca de quien salude decidir su futuro a gobernarse.

El mundo moderno, el capitalismo surgido en Europa desde el Renacimiento en adelante que hoy día se globalizó aplastando otras opciones, tiene en la “democracia” y en la “libertad” sus íconos por antonomasia.

Iconos, sin embargo, que no pasan de una deslucida opacidad muy engañosa.

Lo que hacemos, pensamos, consumimos, cómo nos divertimos, nuestra forma de relacionarnos con el mundo, en otros términos: nuestra vida en general, cada vez más está digitada por poderes que nos sobrepasan en manera inconmensurable.

Inmediatamente hay que hacer una imprescindible y capital aclaración: decir esto no es ninguna conducta paranoica, una delirante visión de conspiraciones que obran en nuestra contra.

La paranoia, llamada por Freud “demencia paranoide” a inicios del siglo XX, hoy día preferiblemente conocida, según los manuales de psicopatología al uso, como “Trastorno de ideas delirantes”, es un “Grupo de trastornos caracterizado por la aparición de un único tema delirante o de un grupo de ideas delirantes relacionadas entre sí que normalmente son muy persistentes, y que incluso pueden durar hasta el final de la vida del individuo. Freud p. 34.

El contenido del tema o conjunto de ideas delirantes es muy variable.

A menudo es de persecución, hipocondríaco o de grandeza, pero también puede referirse a temas de litigio o de celos o poner de manifiesto la convicción de que una parte del propio cuerpo está deformada o de que otros piensan que se despide mal olor o que se es homosexual.”

El delirio paranoico existe, sin lugar a dudas; de hecho, en muchos casos esa “desconfianza” patológica (las celotipias extremas, por ejemplo) puede llevar al asesinato.

El otro, el “perseguidor”, es vivido como enemigo: antes que me agreda, lo aniquilo. Lamentablemente, dada la precariedad del abordaje de los “problemas mentales” que se sigue padeciendo el Psicoanálisis aún es resistido y prima la Psiquiatría manicomial, los “enfermos paranoicos” suelen terminar en el loquero (donde, por supuesto, nadie se cura.

El mundo, sin dudas, está atravesado por una serie de ideas de talante paranoico, muchas veces tomadas con cierta seriedad o, al menos, presentadas con un grado de credibilidad, pero absurdas e insostenibles, en definitiva:

Ejemplo: “los judíos o ciertas sectas esotéricas (Illuminati, masones, .) manejan el mundo”,

“los extraterrestres están entre nosotros”, “las vacunas son un experimento en masa que provocan autismo”,

“la actual enfermedad COVID-19 se activa por las emisiones de ondas 5G”, “la aparición de un comenta anuncia el fin de nuestro planeta”, “las pirámides de Egipto fueron construidas por alienígenas”,

Y un largo etcétera.

Por supuesto que la dinámica de las sociedades no puede explicarse por estas elucubraciones, sin base ni sustento científico.

El delirio, definitivamente, está entre nosotros, a veces medianamente tolerado, lo cual evidencia que la “normalidad” es siempre una pregunta abierta, una cuestión de grado.

Es decir: no hay una normalidad definitiva, dada de una vez, única e inamovible.

Adolf Hitler era un loco que creía en la eugenesia, aunque no debe olvidarse que el pueblo alemán masivamente lo siguió.

Pero ni la historia de la humanidad ni el mundo actual no se mueven por ideas delirantes, por fuerzas sobrenaturales ni mensajes apocalípticos de seres extraordinarios:

Son las relaciones sociales, concretas y materiales, que establecemos los seres humanos para asegurar nuestra existencia individual y colectiva, las que explican la arquitectura general de las cosas.

De ahí que el materialismo histórico, por ejemplo, y su concepto de lucha de clases da mucho más en el blanco para entender las sociedades y sus conflictos, que la apelación a poderes malignos o conjuras de grupos ocultos en las sombras.

Dicho de otro modo: una clase social, detentadora de los medios de producción, tierra, maquinaria, dinero, explota la fuerza de trabajo de una mayoría, la otra clase social, la clase trabajadora, con lo que se genera una riqueza que queda mayoritariamente en la clase explotadora.

Ahora bien: esa clase beneficiada, que asienta su riqueza y poderío en el trabajo de enormes mayorías a las que sojuzga, hace lo imposible para mantener sus privilegios.

Para ello, apela a los mecanismos más sórdidos, más perversos, más sanguinarios llegado el caso.

Como sin miramientos lo dijo uno de los más connotados intelectuales orgánicos de esa clase dominante, el polaco-estadounidense Zbigniew Brzezinsky, miembro de connotados tanques de pensamiento de Estados Unidos y catedrático en la Universidad Johns Hopkins:

“La sociedad será dominada por una elite de personas libres de valores tradicionales que no dudarán en realizar sus objetivos mediante técnicas depuradas con las que influirán en el comportamiento del pueblo y controlarán con todo detalle a la sociedad, hasta el punto que llegará a ser posible ejercer una vigilancia casi permanente sobre cada uno de los ciudadanos del planeta.

Esta elite buscará todos los medios para lograr sus fines políticos tales como las nuevas técnicas para influenciar el comportamiento de las masas, así como para lograr el control y la sumisión de la sociedad”.

Pensar, entonces, que hay grandes, inconmensurables grupos de poder que le dan forma al mundo en que vivimos, que nos obligan a seguir siendo esclavos asalariados, mundo “en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amamos a nuestro verdugos ,  como agudamente dijera Aldous Huxley, no es ningún delirio paranoico. Es la constatación de una cruda y descarnada realidad: hacemos, pensamos y actuamos según lo que poderes determinados nos dicen.

No importa si esos grupos son judíos, católicos, musulmanes, ateos, hombres, mujeres, bisexuales, amantes del samba brasileño o la salsa, o perreo Puertorriqueño y hasta quizás bachateros: son grupos de poder que tienen en sus manos monumentales decisiones. Y Eso ¿es paranoico?

So imaginarnos que el 2014 los medios masivos de comunicación titulaban la luchas contra la corrupción en Guatemala y la asaña de llevar al banco baquillo de los acusados al presidente Otto Pérez Morales y su vicepresidenta:

Y luego de qué  Guatemala siguiera siendo un país más corrupto que lo anterior y  permanezca como unos de los países de mayor corrupción y sin protesta ni titulares

Demuestra como se orquestó una matriz de opinión pública mundial para controlar el  Brasil de Dilma Rousseff y la descalificación de esa economía y sin embargo antes el Coronavirus un presidente de  la calaña y especie de Bolsonaro y no hay titulares conspirativos antes horrorosos escenarios

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