Trinitarios planificaban y también practicaban uso de armas

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Arcadio Vargas Evertz

Arcadio Vargas Everts (kayayo)

PENSAMIENTO Y ACCIÓN EN LA VIDA DE JUAN PABLO DUARTE (4 de 4)

Según los apuntes de su hermana Rosa Duarte, publicados por el Instituto Duartiano, el almacén y el patio del negocio su padre no solamente eran puntos de reuniones y docencias impartidas por el Patricio en su labor como maestro, sino también donde los trinitarios se ejercitaban en el uso de las armas, practicaban esgrima, convirtiéndose algunos en grandes espadachines, como el caso de Matías Ramón Mella. También utilizaron la táctica de ingresar a la Guardia Nacional, donde el patricio fue elegido como capitán de su compañía y más tarde promovido al grado de general.

Mientras los trinitarios se expandían en todo el territorio, multiplicándose en grupos de tres, Duarte vio la necesidad mantener un contacto directo con las masas, y a falta  de medios masivos de comunicación en esa época crea la Sociedad Filantrópica en 1840, cuyo papel social pone en evidencia el noble espíritu solidario del prócer. Junto a esta labor social se destaca también el trabajo cultural de la Sociedad Dramática, convirtiéndose con ello en el pionero de teatro comprometido con la causa revolucionaria que, a falta de prensa, actuaba como interlocutor entre las masas y las pretensiones liberadoras de los trinitarios obligados a trabajar en la clandestinidad.

La estrategia política dirigida por Duarte materializada en una táctica de adhesión numérica a través de La Trinitaria,  pactando alianzas primero con los reformistas de Haití para derrocar el gobierno de Boyer y luego con el sector conservador dominicano como los hateros del Este y los madereros del Sur; el trabajo social realizado a través de La Filantrópica; la labor docente desplegada por el prócer para alfabetizar y combatir la ignorancia de su época al elevar el nivel de su compañeros y de gran parte del pueblo, ya que pensaba que “la abyección y la ignorancia eran hermanas”, todo ello resultó en la maduraron de la conciencia nacional que precipitaron los acontecimientos que culminaron con la proclamación de la Independencia Nacional.

La táctica de alianza con los reformistas haitianos surte su efecto, Boyer es derrotado y en Santo Domingo se organiza la Junta Popular de Gobierno en la que Duarte y los trinitarios conforman la mayoría. El Patricio aprovecha las nuevas condiciones que le brinda el poder para organizar juntas compuestas por partidarios de la revolución en todo el territorio nacional, para esos fines se registra como agrimensor y se hace acompañar por certificaciones oficiales. Aunque la Junta Popular de Gobierno era presidida por el haitiano Ponthieux, la Secretaría estaba a cargo de Matías Ramón Mella y la jefatura del Departamento quedó en manos de Juan Isidro Pérez.

Como parte del gobierno, Duarte y los trinitarios despliegan una ardua labor para convocar y ganar unas elecciones donde se eligió a los miembros de la Constituyente, pero su aliado reformista, el presidente haitiano Charles Hérard desbarata sus planes independentistas por esa vía, penetra con su ejército por el Cibao e inicia un cruenta persecución contra los patriotas. Aunque Duarte hizo todo lo posible por formar un batallón para salirle al encuentro, la acción militar resultó imposible y el Patricio tuvo que tomar el camino del exilio, Mella se hizo el muerto y los que no fueron apresados y torturados, pasaron de nuevo a la clandestinidad con sus cabezas puestas al precio de una recompensa que había ofrecido Hérard por cada uno de ellos.

Pero mientras que un grupo de dominicano que habían sido elegidos en las elecciones para la Constituyente buscaban por lo bajo el protectorado de Francia, Duarte orientaba a sus seguidores desde Caracas, quienes le escribieron pidiéndole su ayuda para la adquisición de  armamentos e impedir el golpe que planeaban los afrancesados orientados por Levasseur desde Haití. Duarte no pudo conseguir ayuda con el gobierno venezolano, se enferma en Curazao y desde allí le escribe a la familia para que venda sus bienes para subvencionar la  causa revolucionaria, el ejemplo más evidente de su desprendimiento y de su amor por la Patria.

Proclamada la Independencia de la República Dominicana el 27 de febrero de 1844 e izada la nueva bandera de la nación, el resto de los acontecimientos que acaecen a partir de entonces, ponen de relieve la actitud civilista, desprendida y  coherente con los principios revolucionarios que enarbola el principal creador de la nacionalidad dominicana; pero también se manifiesta en él ese espíritu decidido, cuando se trata de defender la soberanía nacional de los entreguistas y enemigos de la Patria.

La primera medida que tomó la Junta Central Gubernativa fue enviar un buque a Curazao en busca de Duarte y sus compañeros. Es recibido con júbilo por la población y saludado por el vicario como Padre de la Patria, nombrado miembro de la Junta, confirmado como General de Brigada con el cargo de Comandante del Departamento de Santo Domingo, aunque le niegan el ascenso a General de División y Comandante en Jefe del ejército. Sin embargo, su atención está en la inminente invasión del ejército haitiano, quienes fueron derrotados en Santiago el 30 de marzo, pero que sospechosamente permanecían en el sur, a pesar de que los dominicanos les infringieron fuertes bajas el 19 de marzo en Azua.

Duarte acude con una columna a reforzar el ejército de Santana para pasar a la ofensiva, pero debe regresar a la capital debido a la resistencia de este último. Sabiendo la razón de  lo que se cosía, decide dar un golpe de Estado y destituye a lo afrancesado de la Junta, nombrando a Francisco del Rosario Sánchez como nuevo presidente en lugar de Bobadilla, tratando de frustrar con esto las negociaciones que se llevaba a cabo con Francia para cederle  la península de Samaná a cambio de protección.

Es en este contexto que Duarte inicia la redacción del Proyecto de Constitución, depositaria del pensamiento nacionalista en su estado organizado y sistemático, especialmente cuando se lee el artículo  6º  que dice: “Siendo la Independencia Nacional la fuente y garantía de las libertades patrias, la Ley Suprema del Pueblo Dominicano, es y será siempre su existencia como Nación libre e independiente de toda dominación, protectorado, intervención e influencia extranjera, cual la concibieron los Fundadores de nuestra asociación política al decir (el 16 de julio de 1838), Dios, Patria y Libertad, República Dominicana y fue proclamado el 27 de febrero de 1844, siendo desde luego así entendido por todos los Pueblos, cuyos pronunciamientos confirmamos y ratificamos hoy; declarando, además, que todo gobernante o gobernado que la contraríe, de cualquier modo que sea, se coloca ipso facto y por sí mismo fuera de la ley”.

En su trabajo reorganizativo, viaja a Santiago donde es recibido con júbilo, mientras que el general Pedro Santana se insubordina con el Ejército del Sur en Azua y marcha sobre la capital. Estratégicamente el general Matías Ramón Mella lo proclama como Presidente de la República con el apoyo de todo el Cibao, pero Duarte no se deja seducir con la idea del poder y condiciona su participación como gobernante, a la celebración de un sufragio que legitime su gobierno y acepta ser candidato contra Santana. Con esta postura reafirma su vocación civilista y su naturaleza pacifista, pues, quería evitar una guerra fratricida y siempre mostró un gran  desprendimiento en cuanto a servirse del poder aprovechando las ventajas que le brinda su condición de líder y héroe.

Tal y como aparece en su ideario, con estas palabras agradece el apoyo popular brindado en Santiago de los Caballeros y Puerto Plata: “Sensible a la honra que acabáis de hacerme, dispensándome vuestros sufragios para la primera Magistratura del Estado, nada me será más lisonjero que saber corresponder a ella llenando el hueco de vuestras esperanzas, no por la gloria que de ello me resultaría, sino por la satisfacción de veros, cual lo deseo, libres, felices, independientes y tranquilos, y en perfecta unión y armonía llenar vuestros destinos, cumpliendo religiosamente los deberes que habéis contraído para con DIOS, para con la PATRIA, para con la LIBERTAD y para con vosotros mismos”.

Santana tenía otros planes. Ambicionaba todo el poder y se levantó en arma  con el ejército del Sur. Tomó la capital, se pone a las órdenes de Francia y disuelve la Junta Central Gubernativa; desde el poder inicia una cruenta persecución política contra los revolucionarios y el 22 de agosto emite un decreto en el que se declara a Duarte y a otros trinitarios como traidores a la Patria desterrándolo de por vida del suelo que el caudillo militar nunca supo defender; la patria que él puso a disposición primero de los franceses, y como estos no consideraron viable involucrarse en la aventura de proteger a Santo Domingo, entonces fijó su atención hacia España.

Esta vez el exilio de Duarte fue prolongado, 20 años sin pisar suelo patrio, 12 de ellos perdido en las selva venezolana y brasileña sin tener ningún contacto con nadie; su desencanto había sido depresivo; fusilaron compañeros y familiares, lo que lo hizo sentir culpable; su familia fue expulsada del país; pero nada de eso lo movió hasta que se enteró de las anexión a España. Su espíritu patriota vuelve en sí; regresa a Caracas e inicia una ardua labor en busca de recursos para apoyar  la restauración de la República Dominicana. Su regreso no fue tan bien valorado por sus compatriotas, pero él aclara la razón de su llegada y en qué condiciones la hace, como lo apunta en su ideario: “Si he vuelto a mi patria después de tantos años de ausencia, ha sido para servirla con alma, vida y corazón, siendo cual siempre fui, motivo de amor entre todos los verdaderos dominicanos y jamás piedra de escándalo, ni manzana de la discordia”.

En marzo de 1964  sale desde Curazao en una expedición a Santo Domingo. Aunque esta vez el gobierno venezolano le prestó su ayuda, esta expedición fue costeada en parte con recursos propios. En Montecristi es recibido por los insurrectos que controlaban esa zona e inmediatamente  se puso a las órdenes del Gobierno Provisorio de Santiago, que decide  utilizar sus servicios en una misión diplomática en Venezuela. Aunque no era esto lo que esperaba, sino entrar en acción directa en el campo de batalla, para evitar la intriga de los enemigos acepta.

En Caracas realiza gestiones para obtener la ayuda del gobierno venezolano a favor de la causa dominicana. Se entrevista con el Presidente de la República venezolana. Pero el fin de  la guerra restauradora y la expulsión de los españoles de la isla el 11 de julio de 1865 no se tradujo en el regreso de Duarte a su amada patria; a pesar de los esfuerzos hechos por Gregorio Luperón, Ignacio María González y Ulises Francisco Espaillat, decide alejarse de toda intriga, ambiciones y enfrentamiento grupales que reinaban en la época. Muere el 15 de junio de 1876, indigente, tuberculoso y olvidado, pero hablando desde su morada eterna: “Lo poco o mucho que hemos podido hacer o hiciéramos aún en obsequio de una patria que nos es tan cara y tan digna de mejor suerte, no dejará de tener imitadores; y este consuelo nos acompañará en la tumba”.

Como se puede apreciar a lo largo de esta exposición, la vida de Juan Pablo Duarte estuvo consagrada a la creación de la República Dominicana, en cuyo proceso fue su guía espiritual, magisterial, político, militar, económico y legislativo. Ese desprendimiento mostrado a lo largo de su práctica revolucionaria, tenía una sola razón: el amor a la Patria y su ejemplo para las generaciones venideras, como él mismo lo dice en su ideario: El amor de la patria nos hizo contraer compromisos sagrados para con la generación venidera; necesario es cumplirlos, o renunciar a la idea de aparecer ante el tribunal de la Historia con el honor de hombres libres, fieles y perseverantes. Ejerció la actividad política de manera sana, sabia y desprendida, coherente con su concepción de esta actividad, como lo demuestra su ideario cuando dice: “La Política no es una especulación; es la ciencia más pura y la más digna, después de la Filosofía, de ocupar las inteligencias nobles”.

Su oposición a protectorados, anexiones a países como España, Francia y lo mismo Estados Unidos, demuestra que la acusación de racista enarbolada por los nuevos detractores es totalmente falsa y, además de sus acciones en contra de esa falacia, Duarte escribió un verso que aparece en su ideario publicado por el Instituto  Duartiano que reza: Los blancos,/ morenos, cobrizos, cruzados, /marchando serenos,/ unidos y osados,/ la Patria salvemos/ de viles tiranos,/ y al mundo mostremos/ que somos hermanos. Este pensamiento no se quedó en la esfera de la mente o del texto poético, sino que se hizo evidente en la alianza con los reformistas haitianos para derrocar a Boyer.

También queda desmontada toda esa campaña de denuestos en la que se acusa a Duarte de pandillero, racista, cobarde y traidor, por sectores que siempre buscaron aprovecharse y servirse de su trabajo político en el pasado, mientras que en el presente lo que se pretende es revertir el proceso independentista en detrimento de la soberanía nacional por parte de Francia, Estados Unidos y otros centros de dominación internacional que tratan de fusionar a República Dominicana con Haití, por lo que apadrinan toda esta campaña en contra del Padre de la Patria y su obra, evidenciándose en esta exposición que tales acusaciones se hacen añicos al chocar con una vida llena de dignidad y decoro, amante de la paz y la concordia, desinteresada y desprendida en relación a bienes y poder; una vida coherente con los más nobles principios revolucionarios que siempre giraron alrededor de su amor a la patria, a le que se entregó en cuerpo y alma a cambio de la felicidad de sus conciudadanos; recibiendo por ello como pago  expatriaciones, desidias, miseria, enfermedades y el olvido.

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