Santo Domingo necesita una limpieza

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Por Santos Aquino Rubio

Santos Aquino Rubio 

La Capital dominicana ha sido incluida en el grupo de ciudades creativas, mérito ganado en algunos aspectos del crecimiento y desarrollo de la primada de América, pero hay detalles que deben ser corregidos por las autoridades, para que este reconocimiento tenga sentido.

En la mayoría de las ciudades civilizadas del continente y del mundo, la higiene citadina tiene características especiales y las jornadas de limpieza se realizan sin abuso de autoridad y en horarios que no obstruyen el desempeño ciudadano.

La ciudad de Santo Domingo ha retrocedido mucho en ese aspecto. Los principales lugares de atracción y esparcimiento y hasta las universidades y otros centros formativos, han sido atacados por el “virus” de la arrabalización sin que las autoridades responsables se atrevan a tomar medidas correctivas por temor a perder el voto de los infractores.

Las isletas, puentes peatonales, paradas de autobuses, de carros, plazas públicas, universidades de primer nivel, hospitales, clínicas y otros recintos de servicio a la población, han sido tomados por buhoneros improvisados, gomeros, mecánicos y otros negocios, arrabalizando los espacios y afectando el desempeño ciudadano.

En la Capital dominicana, la autoridad debe asumir el reto y desalojar de las isletas, paseos ornamentales, puentes peatonales, paradas del Metro y otros, a los vendedores que, con la excusa de ser “padres de familias”, no solo afean el entorno, sino que lo corrompen de distintas maneras.

Universidades como la OYM, UTESA y otras cuyas sedes están en lugares céntricos de la metrópolis, parecen mercados públicos en su entorno y esto a nadie parece preocuparle. El ruido, el sucio, la basura y el ambiente malsano, predominan en estos espacios que deben operar con el más alto nivel de solemnidad y de respeto.

Debemos celebramos todo reconocimiento a la ciudad, pero debemos ser sinceros y propiciar que cada acción en favor del desarrollo citadino, sea sincera. Es tiempo de comenzar a desarrabalizar las universidades y el entorno de los centros de operatividad de la cosa pública. Estemos atentos.

El autor es periodista y abogado.

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