Abel Martínez con pocas cosas que exhibir para vender su reelección

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Lo único que el actual síndico de Santiago de los Caballeros puede ostentar para justificar su aspiración de repetir al frente del Ayuntamiento Municipal, es la recogida parcial de la basura y la pintura de murales en distintos puntos de la ciudad.

Ese primer factor es explotado con marcada insistencia en las redes sociales y se vende como una proeza del incumbente, pero la ciudadanía sabe que se trata de una media verdad en tanto el servicio de limpieza no es igual ni parejo para todos los barrios que integran la Ciudad Corazón.

Abel Martínez, síndico de Santiago de los Caballeros

Ocurre que ante el trauma vivido por las fallas de gestiones anteriores en cuanto a recoger con aceptada eficiencia la basura que se amontonaba por doquier, se ha vendido la ilusión de que lo que exhibe el casco urbano, se replica en todos los rincones del municipio.

Pero a pesar de cacareo mediático, la limpieza solo abarca un pequeño perímetro de la ciudad, además de su casco urbano, aunque a través de la tecnología y la explotación de herramientas de marketing, el pequeño logro se proyecta ante la ciudadanía como un milagro propio de un funcionario “con acrisoladas virtudes” como las que tendría el síndico de turno.

La realidad está conectada con la acentuada deficiencia de muchas de las administraciones anteriores en materia de higiene de la ciudad, situación bochornosa que se hizo común por los odiados bolsones de desperdicios tirados por doquier.

Ahora resulta fácil inducir a la gente, hacerle creer que lavarle la cara a la entrada de la ciudad, es una obra extraordinaria, un verdadero acto de magia, una conquista que nadie logró y por la que Abel Martínez merece repetir en el puesto.

Para que el truco de magnificencia se perciba como lo insólitamente real, se recurre a una trama aplicada por políticos con roles de funcionarios, que persiguen confundir a la ciudadanía de modo que un cumplimiento parcial de sus obligaciones, pase ante los ojos de esta como una bondad casi milagrosa del funcionario.

Deplorable condición del mercado de Pekín

El engaño se hace más común en las democracias tercermundistas, donde demagogia, manipulación y populismo encarnan tres de los bichos que mejor retratan a este modelo político, marcado por las actuaciones de funcionarios que se empecinan en presentar como bondades personales para con el pueblo, lo que tan solo es el cumplimento precario de las obligaciones contraídas frente a sus electores.

Respecto a los murales sin bien aportan un ingrediente de importancia a la ciudad, se desconocen los criterios del manejo del programa y el flujo de información respecto a su financiamiento es poco abundante.

De ahí que muchos comenten que la celebración de la instalación de uno de estos murales por lo general sale más cara a la ciudad que su propio costo. Tampoco se sabe acerca del procedimiento de asignación de estas obras, ni bajo qué criterio una sola compañía maneja el presupuesto que destina la alcaldía a esos fines.

Muchos de los rurales, además, son instalados en zonas y propiedades que no son públicas ni del cabildo, lo que pone en riesgo las inversiones en la materia.

Al margen de los dos aspectos citados la ciudad sigue padeciendo de sus viejos problemas como el caos en el tránsito, la falta de parqueo- con mayor acentuación en el centro-, la vergüenza de los mercados, el hedor de las cañadas-con mayor penetración a la entrada desde la capital, así como la falta de mantenimiento y limpieza de imbornales, razón por la que la ciudad se inmunda con solo unos cuantos minutos de lluvia.

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