Grupismo e intolerancia truncan esfuerzos unidad del CDP

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Para este viernes 6 de septiembre están previstas las elecciones del Colegio Dominicano de Periodistas. Es casi seguro que algunos duden de mi sinceridad, pero me entristece asistir a una campaña cargada de denuestos, acusaciones y contra acusaciones, ofensas entre colegas, chismes e intrigas desgarrantes, un espectáculo vergonzoso que de seguro despierta la atención de la sociedad. Quienes me conocen y aquellos que siguen mis escritos y trayectoria como dirigente gremial, con facilidad recordarán que no solo tengo un discurso coherente respecto a la necesaria unidad de los periodistas para salvar su gremio, sino que estoy entre los que han dedicado más tiempo en intentar, aportar y trabajar por una gran concertación que haga posible el reencuentro de los colegas y el fortalecimiento de su colegio. En el año 2005, a través de la Fundación Periodismo en reflexión, lanzamos un manifiesto nacional por la unidad y la aprobación de un Plan Decenal, propuesta que definía el camino a seguir y sugería las metas de corto, mediano y largo plazo que debían emprenderse en procura de un CDP fuerte, unido y con propósitos.

Conversando debajo del mango

La más reciente experiencia la viví junto a la Seccional Santiago del CDP, en mi condición de coordinador de la Corriente Institucional, que de manera conjunta desarrollamos a lo largo del mes de abril pasado una sostenida y entusiasta campana titulada “Deja tu huella por la Unidad del CDP”, iniciativa acogida favorablemente tanto dentro como fuera del gremio y que, de manera voluntaria, logró que 257 colegiados firmaran la “Proclama por la Unidad del CDP”, que fuera dada a conocer en rueda de prensa a principios de mayo. Pero antes de que Carlos Arroyo y quien suscribe decidiéramos emprender tan loable iniciativa, debo revelar que, desde diciembre 2018 hasta febrero 2019, en principio convocados por mí, celebramos varios amistosos y productivos encuentros con nuestros amigos y colegas dirigentes del Movimiento Marcelino Vega en Santiago de los Caballeros. En un ambiente de franca camaradería, conscientes de que debíamos atrevernos a conversar sobre la necesaria superación de controversias inútiles y la urgente unidad de los periodistas en torno al CDP, representantes nuestros entre los que figuran Frank Reyes, Carlos Arroyo y quien suscribe, entre otros, compartimos con Ramón Lora, José Madera, José Ramón Suriel, Céspedes Peña y otros, avanzando no solo en una agenda común que estuvimos desarrollando en plena armonía, sino en consensuar un documento para proclamar por la unidad del gremio en Santiago, el cual conservo.

Hablando acerca de la unidad del CDP

La participación de los colegas en los encuentros comenzó a disminuir y recuerdo que escribí a mi hermano Lora haciéndole saber mi preocupación ante la posibilidad de que la valiosa iniciativa que habíamos emprendido, cayera vencida por los azotes del ambiente electoral que ya para finales de febrero, comenzaba a deputar. Lora me aseguró que eso no pasaría y que los encuentros serian retomados.  Lamento que se diluyera el primer intento serio por el reencuentro de los periodistas y por convertir nuestro CDP en la bandera de todas y todos, sin que eso implicara prohibir simpatías y preferencias a nadie. A eso atribuyó que el candidato de todos sea uno y lleve el nombre de unidad, por igual que la campaña parezca una pugna entre gatos y perros. No olvido que el 16 de diciembre convoqué a los colegas y otros amigos a un vino en el Club Recreativo para compartir una mano de dominó, conversar sin agenda específica acerca de lo importante de disminuir la tirantez entre colegas, reencontrarnos en torno a nuestra institución, así como explorar posibilidades de integrarnos en tareas y metas comunes. En ese primer encuentro estuvieron presentes Lora, Céspedes Peña, Suriel, Juan Mendosa, Socorro Rodríguez, Abel Rojas y Arcadio Vargas, entre otros.  Aunque no conozco las razones por las que los compañeros se ausentaron de los encuentros, las que sin embargo respeto, en honor a la verdad para mi constituyó una experiencia importante porque, aunque no fue posible materializar el sueño, quedó probado que, a pesar de que entre los cabezas e integrantes de grupos, movimientos y corrientes falta mucha tolerancia y compromiso serio con el gremio, todavía hay espacio para dialogar en respeto y franqueza. Y eso hay que cultivarlo más…

(PRIMERA ENTREGA).

 

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