La lectura, plataforma de la enseñanza aprendizaje de la literatura

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La lectura, plataforma de la enseñanza aprendizaje de la literatura

 Por Dr.  Carlos Arroyo Ramos PhD

“Muchos se jactan de los libros que han publicado, yo me enorgullezco de los que he leído”, Jorge Luis Borges

No puede existir la enseñanza aprendizaje de la literatura sin el uso adecuado de la lectura. La lectura se constituye en una herramienta indispensable para el análisis y producción de textos literarios.

La lectura es la esencia, en la enseñanza-aprendizaje de la literatura, hay que “acostumbrar al estudiante a leer mucho, hay que comprobar que, verdaderamente lee lo que se le asigna y hay que habituarlo a la lectura de obras difíciles allanándole la vía con aclaraciones y explicaciones de orden histórico y lingüístico Henríquez Ureña, (1934). En definitiva, una forma de comprobar lo que lee, es la producción oral o escrita.

Así la única forma de enseñar literatura es exponiendo al estudiante en contacto con grandes obras Henríquez Ureña (1934), es decir, el alumno está llamado a conocer los clásicos de la literatura, sin embargo, al maestro debe buscar una estrategia efectiva que lo encamine hacia la lectura, análisis y producción literaria en el aula. No es sólo leer sino demostrar que se ha leído. Es imprescindible que el alumno lea, no necesariamente a los clásicos. El camino es la lectura. El mismo estudiante tomará el sendero, en momento determinado, luego de crear el hábito de lectura, a los clásicos. Sencillamente, en primer momento la finalidad deberá ser que se lea, para crea la pasión  y el hábito de leer buenos textos sin importar la plataforma.

Analizar es desglosar un texto, por lo que se necesita una lectura reflexiva e interpretativa que facilite la descomposición estructurada de las ideas, y permita descubrir el trasfondo que se esconde detrás de ellas. Un alumno no puede analizar un texto sino domina las ideas centrales del mismo, o sea, que debe hacer uso de la compresión e interpretación.

Cuando Henríquez Ureña (1934) plantea en su tratado  la importancia de la lectura literaria y el trabajo personal de composición, es lo imprescindible que constituye la lectura para el buen desarrollo de los actores dentro del aula, asimismo debe hacerse notar que la composición no es más que poner al estudiante a producir, o sea, proponía en el siglo XX, lo que se aplica hoy por medio del enfoque funcional comunicativo y el desarrollo de competencias, que el estudiante debe ser un ente activo, como lector de buenos textos sino como escritor, es decir, debe producir textos, en la dimensión oral y escrita.

El maestro de “lengua y literatura” debe despertar en el alumno el “hábito y amor a la lectura literaria, pues es la mejor llave que puede entregársele al niño para abrir el mundo a la cultura universal.       No sólo el renglón económico está globalizado, también la cultura, por lo que urge que el niño, adolescente – joven conozca las manifestaciones culturales de los pueblos, tomando como referencia su entorno, y el camino imprescindible para lograrlo es la lectura.

Un lingüista sordo a la función poética, lo mismo que un especialista de la literatura indiferente a los problemas y que ignora los métodos lingüísticos son desde ahora mismo flagrantes anacronismos González Nieto (2001) con ello, se demuestra la relación interdisciplinaria que existe entre la lengua – literatura, por lo que existen relaciones complementarias o conflictivas entre lengua y literatura, concebidas unas veces como una sola disciplina, lengua y literatura, y otras veces como disciplinas diferentes  .

Aunque el enfoque funcional comunicativo plantea la enseñanza de la lengua y literatura como una sola disciplina, debe precisarse que a pesar de ambas tener una estrecha relación no pueden impartirse como una sola asignatura, sino que la lengua es la plataforma de la literatura, por lo que el alumno debe tener un dominio de la lengua previo a adentrarse a la creación literaria.

La literatura es la interpretación que pueden dar los alumnos a los textos, su enseñanza debe estar enmarcada en lo humano (Bruno Rosario, 1969), la clase de literatura surte sus frutos, para la cual deben crearse las condiciones y así el alumno analizar y reflexionar los contenidos.

Clara está la relación que existe entre lengua y literatura, sin embargo, debe destacarse que la “enseñanza de la literatura no puede efectuarse al margen de la lectura y del comentario de los textos González Nieto (2001). La lectura es el preámbulo, primero de la reflexión y segundo de la creación, o sea, que un alumno analítico y crítico, se convierta en un productor de textos (resumen, comentarios, ensayos, síntesis, conferencias, etc.).

Así que la enseñanza aprendizaje de la literatura en el nivel medio debe convertirse en un taller de creación Sánchez y Rincón (1985), donde el alumno manifieste el buen dominio de la lengua, que ha venido acumulando de los grados anteriores.

Ahora esto no puede darse al margen de la lectura. Recuerde quien lee, produce, y el escenario, aunque no el único, donde debe leerse y producirse es la clase lengua, la cual debe estar siempre matizada por el deleite y libertad creativa de los discentes. En tal sentido la clase de lengua debe ser, entonces un escenario para la producción, sin importar la temática, pues la lengua es eje transversal en todas las áreas del saber, es decir, pluridisciplinaria, a la que se ha de sacarle el provecho pertinente para el enriquecimiento de los alumnos.

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