El gobierno dominicano y la familia

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El gobierno y la familia

Oscar López Reyes

(oscarlopezperiodista@gmail.com)   

Habitualmente, no distinguimos cuando estamos en presencia de un hombre o una mujer, porque los nuevos estilos de vestir de  adolescentes han motorizado que estos pierdan su identidad  y pisoteen creencias y valores familiares ancestrales, que consideran anticuados y  represivos.

Ahora los chicos se afeitan las cejas y llevan   cabellos largos, aretes y carteras colgando como las mujeres, en tanto que estas se ponen  pantalones de varones y se recortan los pelos casi al ras de sus cabezas. Cualquier macho  puede enamorar a otro hombre, sin darse cuenta.

Para sumarse a la moda impuesta por el neocolonialismo cultural, que tiene como matriz a la globalización imperial y a unos supuestos derechos humanos;  ponerse a tono con su  universo simbólico y no salirse de la competencia, muchachos se ha apartado del mundo de sus abuelos o padres, y hace gala de  una libertad plebeya: abandono personal, escuchar música subliminal y aplaudir a  artistas que consumen drogas.

Los nuevos códigos o subcultura juvenil inducen, inevitablemente, a la pérdida de identidad  y fomenta el sexo libre e irresponsable, el alcoholismo, la drogadicción, la delincuencia y otros malestares. Y los compromisarios de esa tragedia son los padres sin autoridad, los medios comunicativos, como el internet, que están inundados de pornografía, así como el gobierno.

El gobierno es  cómplice en virtud de que se deja imponer de funcionarios mojigotes y penosos grupos microscópicos, proyectos que en otras latitudes han incrementado la búsqueda de dinero fácil para los placeres mundanos y el exhibicionismo competitivo,  que conducen  a la criminalidad.

La mejor protección a los vástagos es la información y la socialización afectiva. Será  saludable, entonces, ampliar el currículo en la educación sexual, para contrarrestar la pornografía en las redes sociales y las nuevas tecnologías, prevenir la actividad sexual a temprana edad y los embarazos, así como las infecciones por el VIH y otras patologías.

Pero ha de hacerse con prudencia y respeto, como lo plantean las iglesias, no mostrando como positivo a dos barbudos besándose, a un niño jugando con una muñeca y usando pantis, o a la niña  pantaloncillo; a dos mujeres casándose y  ponerles condones  en las mochilas.

Por dejarse impresionar de minoritarios colectivos de sexistas arrogantes y licenciosas y homosexuales de los más variados linajes y, en cambio, por  no atender los justos planteamientos de los obispos y pastores –y a los que  sólo veo de lejos cuando  asisto a misas de difuntos y aniversarios institucionales-, que representan a los sectores más creíbles  y mayoritarios de la sociedad dominicana, no ha sido aprobado el Código Penal sin las tres causales que legalizan el aborto. ¿Puede pasar lo mismo con la ideología de género?

 

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