Enfermo y entre calamidades vive periodista tras 40 años de ejercicio

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 REVOLTILLO

Enfermo y entre calamidades vive periodista tras 40 años de ejercicio

 El caso del periodista Juan Modesto Rodríguez conmueve y arruga el alma. Es el retrato de lo injusto, el cuadro desgarrador de quien sirviera por 40 años ininterrumpidos en varios diarios del país, pero que al final de la jornada, al final de una vida de apenas 64 años, solo queda para exhibir el lastre de la pobreza, el fardo de las frustraciones e impotencia, el dolor implacable de una enfermedad degenerativa que desafiante marca los días a partir de los cuales ya no podrá valerse por sí mismo. Sobrevive en un humilde cuarto en el municipio de Pedro Brand, Distrito Nacional, entre calamidades, estrecheces, pero sin perder la pasión por el trabajo que confiesa realizó apegado a valores éticos y de compromiso social, que a propósito no valen una guayaba podrida en la deshumanizante y descompuesta sociedad moderna. A ninguno de los que sirvió le importa hoy que, por ser un excluido social y económico, pierda la batalla contra una “artritis reumatoide degenerativa”, que progresivamente destruye sus articulaciones, deforma sus músculos y nervios, su locomoción, pero que su pobreza le impide enfrentar por lo costoso de los tratamientos y medicinas. Lo único que Juan Modesto Rodríguez no ha perdido y que cada día le sirve como aliciente para desafiar sus limitaciones, es el sueño de seguir haciendo periodismo.  Mientras, la realidad que conocemos se multiplica, aunque con expresiones y nombres distintos, porque son decenas los periodistas postrados, desvalidos, carentes de asistencia oportuna, servidores consagrados que arribaron sin ninguna protección al final de su ejercicio y de la vida, y que hoy son cargas familiares o tan solo desechos a quienes la sociedad no le reconoce al más ínfimo mérito. Tan simple y tan cruel.

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Juan Modesto Rodríguez es el espejo ideal para ver la inoperancia de nuestros gremios

El de Juan Modesto Rodríguez encarna el espejo ideal para que, como persona y sector profesional, nos detengamos a contemplar lo que somos, porque somos, a preguntarnos porqué ocurren situaciones tan deshumanizantes con servidores que pertenecen a un sector tan social y políticamente influyente, como el de los periodistas. Aunque la sociedad erróneamente pudiera percibir que el periodista es un privilegiado, que vive bien, que es bien retribuido y junto a sus familiares tiene cubiertos los asuntos de salud, retiro, jubilación, pensión…lo tristemente cierto es que está entre los peores pagados y que debido a la naturaleza de su profesión, a menos que no se convierta en un mercader del ejercicio, termina convirtiéndose en un desamparado que apenas recibe la solidaridad que su familia pueda ofrecerle. Lo peor es que frente al deprimente cuadro no hay conciencia ni entre los propios periodistas, lo que es fácil medir a partir de lo que ocurre con sus dos principales gremios: El Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP).  El primero es un receptáculo de confrontaciones, chismes y competencias fratricidas entre individuos y grupos, realidad que flagela sus fuerzas y favorece que, por ejemplo, nadie le respete ni en lo relativo a la reserva del ejercicio solo para profesionales del periodismo, ni en lo que respecta al cumplimiento de la Ley 10-91 que fija un impuesto a la publicidad del 0.5 por ciento para financiar los programas de salud, vida, asistencia y recreación, que la propia legislación ordena desarrolle el IPPP en favor de los periodistas y familiares.  La mayoría de los empresarios no da importancia alguna a ley por la razón sencilla de que ve en el CDP una cosa insignificante, sin representación ni peso social, una angustiada entelequia entretenida en sus chismes internos, y con quien juega a entregarle migajas cuando quiere y le parece. Por eso los casos como el de Juan Modesto Rodríguez, así como el comportamiento de mendigo frente a los gobiernos para que concedan algunas de pensiones a colegas postrados entre penurias y calamidades. En lo referente a la segunda entidad, el SNTP, los lectores de Revoltillo conocen mis reflexiones e inquietudes. Se trata de un fantasma usado para fines grupales y personales, pero descalificado frente a sus propios estatutos y ante quienes dice representar. Hasta el día de hoy ha renegado su responsabilidad de organizar, en las diferentes empresas y medios de comunicación, las representaciones del gremio para que defiendan los intereses de los trabajadores de la prensa. Nunca ha negociado una resolución ante el Ministerio de Trabajo para fijar salarios a los técnicos que intervienen en el proceso de la información, limitándose tan solo a vacuencias sin beneficio alguno para sus afiliados y, eso sí, a decir cosas vía los medios cada vez que las circunstancias favorecen agenciarse figureos. Pero al parecer es lo que se prefiere porque, según se comenta, es lo que genera beneficios para algunos.

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Juan Modesto Rodríguez es la mejor excusa para buscar unidad y fortaleza del CDP

Me enorgullece formar parte de un equipo de colegas que en Santiago de los Caballeros ha hecho progresos trascendentales en cuanto a explorar fórmulas que abran las puertas a la unidad de los periodistas, como requisito básico para alcanzar el rescate, relanzamiento y fortalecimiento del CDP como entidad matriz del sector.  Para quienes nos hemos entregado a esta causa a tiemplo completo, resulta reconfortante recibir el apoyo de un conglomerado compuesto por 257 periodistas colegiados de la Ciudad Corazón, que hicieron suyo el lanzamiento de una proclama nacional para despertar conciencia acerca de la necesidad de provocar una gran concertación, un recuentro de las y los colegiados, para levantar nuestro CDP y colocarlo en el trayecto que lo reencuentre con los propósitos que le dieron origen. Tras ese importante paso, quedó formada una comisión nacional que hará las labores de coordinación de las acciones que serán desplegadas ante los grupos y movimientos que coexistentes al interno del gremio, a los fines de explorar posibles acuerdos. En lo adelante solo resta esperar pruebas de madurez por parte de las cabezas de los grupos enfrentados, quienes tendrán la oportunidad de anteponer la necesaria concertación sobre aspectos programáticos y de principios, a sus intereses e inútiles rencillas particulares. Solo con un CDP unido, fuerte, con veto social y autentica capacidad de representación y poder, no solo haremos valor nuestros derechos, sino convertir en innecesario recurrir a la mendicidad como única vía para socorrer a colegas desvalidos y económicamente desahuciados.  Es penoso que los propios periodistas hayamos convertido en inútiles nuestras entidades, lo que hay que agradecer al hecho de que sacrificamos entendernos y marchar juntos tras metas de corto, mediano y largo plazos que nos rediman como sector profesional y como individuos sociales, mientras nos lamentamos frente a situaciones como la de Juan Modesto a quien el presidente del IPPP visita con frecuencia para al menos darle aliento y compartir pequeñas asistencias, pero que se ha manifestado impotente por no poder garantizarle una pensión que al menos alivie sus precariedades. Eso somos.

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2 comentarios

  1. Gracias por ocuparse.Abogo por la atención y solidaridad con todos los involucrados en este drama.Evitar que los próximos envejecientes, el relevo generacional,puedan ser victimados igual con un retiro indigno y en abandono.

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